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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Sáb, 16 Dic 2017 - 15:36

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La Luz que en sus libros arde (+Spot)

luisyusef.JPGPrefacio: 7 de mayo de 1997. En el salón de última espera del aeropuerto de Holguín se “enciende” por primera vez La Luz. La editorial de nombre iluminado estrena ante los últimos delegados de las Romerías de Mayo su primer libro: Bufón de Dios, décimas de José Luis Serrano.

Tiempo antes la Asociación Hermanos Saíz (AHS) inició por el occidente del país la creación de sus casas editoras consideradas “alternativas” a los grandes sellos nacionales. Alexis Triana, entonces presidente de la AHS en Holguín, impulsó el sueño de crear la primera en el oriente.

 

“Es curioso que la primera presentación se haya hecho en un aeropuerto, porque la luz lo que hace es viajar”, comenta Luis Yuseff, director de Ediciones La Luz . En estos 20 años la editorial ha viajado “junto a la joven literatura cubana”, aunque en el camino no siempre tuvo luz verde.

Capítulo I: salir a La Luz

“De los primeros años es la colección Libros de Bolsillo, textos con diseños austeros y tiradas discretas para satisfacer sobre todo la demanda local”, recuerda Yuseff. Luego vino una etapa de hermanamiento con Ediciones Holguín y el sello no volvió a publicar en solitario hasta el 2006.

Con el nuevo milenio nace el Sistema de Ediciones Territoriales (SET) que, sin embargo, excluyó a las editoriales de la AHS. Tardíamente Ediciones La Luz entra en el SET y recibe en 2003 una discreta sede con un set que incluía una computadora, impresora, scaner y aire acondicionado.

Lamentablemente en Holguín en esos momentos no existían las condiciones humanas para trabajar la hechura de un libro. Había fracturas, distanciamiento e insensibilidad con el trabajo de una editorial. Por eso, Yuseff define al 2005 como un año especialmente difícil, pues además el espacio asignado para la editorial permanecía apenas con luminarias. “Sin embrago, empezamos a revitalizar el sello con el rescate de los primeros cuatro títulos: Striptease y eclipse de las almas (Delfín Prast), Síndrome de Estocolmo (Adalberto Santos), Cuarto Libro de Celestino y Memoria de los otros, cuenta el escritor.

A un breve espacio en el Pabellón Mestre se mudaron en 2013 a intentar avivar La Luz. “Es curioso cómo libros nacidos de nuestro sello que hoy son celebrados por muchas personalidades se hicieron en un espacio mínimo de seis metros cuadrados. Allí se realizó el audio libro Retoños de almendros, se inauguró la exposición homónima, se idearon las campañas de promoción literaria... Todos los proyectos se crearon desde este `pequeño cuarto editorial´, como lo bautizó un amigo. Desde allí soñamos con tener un espacio funcional como el que disfrutamos desde el 12 de agosto de 2016 en la calle Maceo, gracias al esfuerzo y la voluntad de las autoridades políticas, gubernamentales y de la cultura del territorio”.

Capítulo II: Con luz larga

Después de un periodo de luz tintineante la editorial supo avivar la llama para posicionarse entre las cinco mejores del país del SET. Un pequeño equipo ha reconocido las zonas de oscuridad dejadas por otras editoriales para iluminarlas con su sello.

Han difuminado las fronteras locales con la publicación de antologías de trovadores, ensayistas, narradores y poetas de todo el país. Sus planes logran un balance entre autores inéditos y los considerados clásicos. Tampoco discriminan géneros literarios o públicos.

Ediciones la Luz ha aprovechado el cambio de perspectiva que surgió en el Instituto Cubano del Libro. La escasa visualidad del sistema de impresión risográfica se superó con el posicionamiento de la Luz en los Planes Especiales con los que incluyó títulos infantiles, por ser un público que no puede quedar desprotegido y un género literario de mayor posibilidad de comercialización. El estreno se realizó con Retoños de almendros, antología de cuentos para niños de 35 jóvenes escritores e ilustradas por 19 artistas de la plástica, como refiere Yuseff.

A todas luces, uno de los objetivos principales de la editorial es tender puentes con públicos no habituales en las peñas literarias. Por eso, géneros como el humor e investigaciones sobre la historia del rock en Cuba aparecen en sus catálogos y desaparecen pronto de las estanterías.

Otra buena luz del equipo del sello ha sido explotar el diseño del libro y las estrategias de promoción de lectura en pos de posicionar sus producciones. Frank Alejandro Cuesta, diseñador de la casa editora, refiere que desde 2013 iniciaron con la idea de las campañas promocionales con el eslogan Todos buscan la luz. “Trabajamos la imagen, creamos un blog, hicimos almanaques lo cual nos comenzó a visualizar más”, recuerda.

A esta campaña le sucedió Leer seduce para “enganchar” a los jóvenes con la literatura. Incluyó gigantografías, spots radiales, presencia en la red social Facebook y una versión para niños en 2016. Ahora trabajan con la campaña a propósito de los 20 años.

Otro aspecto notable en los volúmenes de Ediciones La Luz es el cuidado de su imagen. Frank, consciente de que sí se puede juzgar a un libro por su carátula, atiende cada detalle para que el libro sea un objeto artístico: “Hemos involucrado pintores, fotógrafos, grabadores a nuestro trabajo como otra manera de promover al arte y reflejar nuestra época”.

Epílogo

Para el próximo año “saldrán a La Luz” varios proyectos. “Soñamos con la publicación de la historiografía del animado infantil en Cuba o la publicación de una pequeña enciclopedia de monstruos. Para los niños tenemos pensada una nueva colección de cuatro libros espejos, llamados así porque por una página cuentan una historia y en el reverso tienen otra”.

Asimismo se encuentra en plan la publicación de un nuevo volumen de Las historias de Lady Hamilton de Rubén Rodríguez; la historia del rock en Holguín, investigación realizada por Raúl Cardona y Zenobio Hernández y un estudio de música cubana en la diáspora de Joaquín Borges Triana.

A sus 20 años La Luz “encandila” con sus propuestas. Este es el resultado del trabajo de un equipo el cual, al decir de Yuseff, reconoce que “las editoriales no pueden estar sedentarias. Tienen que ir tras los autores e incluso soñar antes que ellos los libros que pudieran escribir. Eso es lo que nosotros hacemos, explorar para llevar La Luz a esa zona donde siempre te encontrarás un lector que espera por un libro”.


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