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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 18 Ago 2017 - 13:21

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“El fascismo es lo peor del ser humano”

Dimitri-entrevista-ReyCD.jpg¡ahora! conversó con quizás el único sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, que reside en Holguín. Luchador antifascista y comunista de cuerpo y alma, Dimitrios Agiomavritis, o simplemente Dimitri, se considera un amante y defensor de la justicia y la paz.

Dimitrios Agiomavritis, o simplemente Dimitri, es un griego que reside en Cuba desde hace algunos años, específicamente en Holguín. Hasta ahí el lector pudiera no sorprenderse, pero si se expresa que quizás sea el único sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial que existe en nuestra provincia, la reacción seguro será de sorpresa.

Este octogenario anciano quiso “echar sus huesos” en La Mayor de las Antillas. Su español es una mezcla con otros idiomas, porque también vivió en Canadá, de 1974 al 2000. Lleva mucho tiempo como vecino de Calle Quinta, en el reparto José Díaz (Palomo), de La Ciudad de los Parques, y nunca se ha dedicado a proclamar a los cuatro vientos la condición de luchador antifascista.

En las páginas de ¡ahora!, está archivada una instantánea que recuerda su llanto inconsolable tras la muerte del Comandante en Jefe, en noviembre pasado, cuando le rindió honores en La Periquera. De lo único que padece es de presión alta (según la esposa) y “receta” comer mucho ajo para vivir 120. Su celular tiene de fondo de pantalla a Fidel Castro, algo que muestra mientras hojea los periódicos comunistas “helenos” que conserva.

Entre los primeros recuerdos de su niñez está la Segunda Guerra Mundial, pues, junto a la familia, tenía que esconderse en refugios subterráneos para cuidarse de las bombas: “Llegamos a saber, por el sonido, dónde caerían los bombazos, si cerca o lejos. Vivíamos en Atenas, pero luego, para sobrevivir, fuimos a la región de mi mamá, Laconía. Allí padecimos el fascismo y fui a la escuela esporádicamente, no pude completar un curso. Alemanes e italianos fascistas y colaboracionistas griegos eran sanguinarios”.

“Nací en noviembre de 1933 y mi vida fue muy difícil porque no tenía para comer; muchas personas de mi edad morían de hambre, carecían los adultos de trabajo y la gente no hallaba qué hacer. Vivíamos como animales. En esa etapa, me sumo a la resistencia y ayudé de mensajero, ya que las tropas de ocupación no pensaban que un niño pudiera hacer eso”, manifiesta.

Durante ese período bélico, Dimitri y sus familiares dormían bajo la cama, porque por las noches había mucha metralla. Era un peligro estar vivo. El país sufría escasez de combustible, alimentos, energía, semillas y forraje, por ello se produjo una Gran Hambruna (invierno 1941-1942), donde murieron más de 300 mil civiles y se efectuó el asesinato de otros miles, por represalias contra las acciones de los guerrilleros griegos.

“Teníamos unas raciones de pan por persona y, cuando alguien fallecía, la gente no reportaba el deceso para mantener la cuota. El dinero carecía de valor. Estábamos muertos de hambre, había muchos cadáveres en las calles, los cuerpos de podían ver aglomerados cuando uno pasaba. Perdí un tío a manos de los fascistas, él no era combatiente, pero ayudaba a enfrentar la ocupación”, dice este hombre de lágrima fácil, cuya sensibilidad es evidente.

En la Segunda Guerra Mundial, sus padres se preocuparon cuando subió a las montañas y se quedó con los partisanos – guerrilleros comunistas – por una semana. Allí no había ni agua y estaban en el clandestinaje: “Imagina cómo sería para mí, de muchachito, el pernoctar en cavernas o tener que comer hierba para alimentarme”.

¿Y la Guerra Civil?

“Luego vino la Guerra Civil y griegos mataron a griegos. Durante esta, que concluyó en 1949, creo que fue peor, porque no nos permitían ni hablar, y ordenaban los militares que era prohibido protestar, que estaba fuera de la ley. El Partido Comunista era ilegal y las fuerzas de izquierda también. Además, existían los paramilitares, muy represivos, por cierto”.

¿Cómo fue que se dio lo de ir a Canadá?

“Hasta octubre del ‘74, cuando nos fuimos para Canadá, con la ayuda de una prima, vivimos bajo el terror. Dije para irme que sabía francés e inglés, mas no conocía nada de ninguno. Allá tampoco se podía pronunciar uno por libertad y justicia, porque, como sucedía en Grecia, enseguida te tildaban de comunista”.

¿Fue o es comunista?

“Desde niño, fui amante y defensor de la justicia y la paz. Después, leyendo sobre Comunismo, me di cuenta de que era el único sistema político que defendía a los pobres y prometía mejor vida a los humildes. Por eso, fui militante clandestino del Partido Comunista en Grecia y en Canadá, porque no permitían los partidos, acosaban a los comunistas y había que militar escondidos”.

¿Pudo trabajar en Canadá?

“Siempre he sido un ‘buscavida’. En Canadá, nació mi tercer hijo y trabajé de carpintero de aluminio en una gran fábrica. En Grecia, había sido carpintero, aunque primero fui barbero, como mi papá, y tuve antes de la Dictadura una fábrica de zapatos, pero me lo quitaron todo y una vez me llevaron a prisión. Estados Unidos e Inglaterra apoyaron mucho a los dictadores.

“Ya en Canadá, donde se dice que hay libertad, era lo mismo, si te consideraban peligroso, por discrepar con el gobierno, también te podían coger preso. No siempre había trabajo en mi fábrica; laboré como pintor, porque tenía que alimentar a tres hijos, y yo era el único que trabajaba. Milité en el Partido Comunista de Québec. El de Québec tenía pocos miembros, y se podía hablar quizás con más independencia.

¿Cuba?

“Vine de vacaciones una vez en 2000 y me enamoré de ella, cuando nunca había pensado moverme de país otra vez. Fidel es la figura más importante de la Historia, una persona como él surge cada un siglo, pienso yo.

“Me siento orgullo de vivir en esta Isla, porque hay limitaciones, pero sobran la dignidad, la unidad, ese orgullo de la gente de ser y actuar como cubanos, la capacidad de apoyar a otros pueblos necesitados, y porque acá hay un gobierno que trabaja para mejorar la vida. Es el ejemplo del mundo. Vivo aquí, porque no hay país como este”.

¿Holguín?

“Me siento holguinero, voy a La Habana y a otras ciudades, pero prefiero esta. Supe de Cuba un día, allá en Canadá, y le agradezco a la vida haber venido a conocerla”.
Se enteró del problema de los Cinco Héroes, que fueron a EE.UU. a prevenir los actos terroristas que han costado muchas vidas, y entonces comenzó a participar en los Coloquios Internacionales del ICAP, porque venían personas solidarias del mundo y le gustaban los análisis del tema, además de cómo repercutía el evento después en la lucha por la liberación, que finalmente se logró.

Cuando ve en Europa las manifestaciones neofascistas se horroriza, porque las sintió en carne propia. “El fascismo es lo peor del ser humano”, afirma.

¿Cómo valora la Grecia actual?

“La Crisis Económica dejó evidencias: a medida que usted camina por Atenas encuentra los terribles paralelismos entre aquella época de guerra y hoy. Los comedores de beneficencia, los mendigos, los jubilados recogiendo verduras desechadas cerca de los mercados callejeros, las personas sin hogar rebuscando, para encontrar comida en los contenedores”.

¿Tsipras y SYRIZA son la opción?

“Estas son las señales que se pueden percibir y que me preocupan; sin embargo, veo una luz con el primer ministro Alexis Tsipras y SYRIZA (Coalición de la Izquierda Radical). Al principio desconfiaba, pero ya lo percibo como una buena persona, porque viene de las filas comunistas y ha hecho mucho por tratar de salir de los malos tiempos”.


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