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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 22 Oct 2017 - 15:40

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Un hombre que mueve montañas

JFoto: William Parraoosé Antonio Agüero, secretario de la Comisión del Plan Turquino en Holguín, dialoga con ahora.cu sobre su vida y trabajo, a propósito del Aniversario 30 de la fundación de este programa por el Comandante en Jefe en 1987

 

Había una vez un hombre tan alto de corazón y tan fuerte de espíritu que podía mover montañas. Cuentan testigos presenciales que era un jovenzuelo delgado y locuaz cuando subió en hombros, junto a otros compañeros de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el busto de bronce del Mayor General Calixto García, que hoy corona la cima de la más empinada elevación de esta nororiental provincia: el Pico Cristal.

Nació en Felton, Mayarí, y la Revolución Cubana lo sorprendió siendo un niño de 6 años, que junto a su humilde familia sobrevivía, con honestidad y decoro, los tiempos duros. El padre, chofer, la madre, ama de casa, lo despidieron con nostalgia del alma al borde del camino que lo llevó a Playa Manteca a estudiar la secundaria y a prepararse en una escuela rural para estudiar Agronomía, en politécnicos que recién creaba el Estado.

Pero los chicos inquietos jamás se quedan en un solo lugar, justo en el cuarto año de la carrera descubrió otras veredas y se reincorporó a la enseñanza media superior. Era el boom de los 70´ había exceso de matrícula en secundaria básica y Fidel lanza la convocatoria para fundar el prestigioso destacamento Manuel Ascunce Domenech. El muchacho había descubierto su vocación, abrió su alma a la pedagogía, que no lo ha abandonado nunca, porque no se es maestro solo frente a un aula.

Como muchos vinculaba el estudio y el trabajo porque recibía clases por la mañana y por la tarde era profesor, así se especializó en Química y su primer trabajo fue en la EIDE y después en la Vocacional José Martí. Desde estudiante tenia responsabilidades en la Federación de Estudiantes Universitarios y en la UJC, su pasión y el sentido de pertenencia lo ubican al frente de sus compañeros y por ello lo promueven a cuadro profesional de la organización juvenil.

Bien podría hacerse un ordena cronológicamente, como en las pruebas de Historia, sobre la vida de José Antonio Agüero Zaldívar, para saber por dónde caminó la juventud cubana en los tiempos fundacionales. Así llegó a la Sociedad de Educación Patriótico Militar (Sepmi) y fue instructor del Partido municipal.

Sin embargo, la labor que más recuerdan sus compañeros es la que desempeñó en los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), porque dejó huellas en todas las instancias hasta la nación, pues atendía las cinco provincias orientales. Persistencia, entrega, trabajo cohesionado son las razones que argumentan sus colegas cuando hablan de él y de su labor.

Mas, para esta reportera, la virtud más preciada de Agüero, es su sensibilidad humana. Le he visto “echar rodilla en tierra” ante un problema de la gente más humilde, de quienes viven en las condiciones más complejas, le he visto “fajarse” con aquellos que deben y pueden resolver los asuntos sin dejarles espacio a las justificaciones.

Todos lo conocen en el lomerío holguinero, todos lo quieren allí, todos esperan su llegada con la taza de café humeante y se ofenden si no los visita con regularidad. Es un cubano de pura cepa, sin medias tintas, ni pelos en la lengua y con un compromiso raigal con la Revolución Cubana.

Hace 14 años que es el Secretario de la Comisión Provincial del Plan Turquino y no puede hablarse de ese programa hoy en Holguín sin hacer referencia a este hombre cuya capacidad organizativa y previsora ha permitido que dicha comisión logre gran parte de los objetivos propuestos.

Agüero dice que: “uno no escoge las tareas, ellas te escogen a ti, te llegan y hay que enfrentarlas con amor y responsabilidad. La mayor satisfacción es trasformar las cosas, cuando mejora algo con la intervención del grupo, porque el Plan Turquino es un programa de Gobierno, que se ha caracterizado, en nuestra provincia, por implicar siempre a las máximas autoridades en sus problemáticas y sus asuntos vitales”.

Con muy poco se puede hacer feliz a este hombre y los habitantes de nuestros cerros lo saben por eso lo conminan a que vaya y vea cuantas barreras de contención han realizado, los bosques que fomentan, las acciones realizadas para proteger el agua y los suelos en aquellos frágiles ecosistemas de montaña, cuyo cuidado es batallar de todos.

Ningún hombre es una isla, porque depende de otros para lograr sus metas, por ello Agüero reconoce con orgullo la labor de su esposa Modesta, con quien formó una familia de dos hijos, hace más de 30 años. “He tenido gran colaboración de mi mujer, que en medio de tantas tareas ha sido ejemplar soporte para los míos. La familia significa mucho, es la herencia que dejas sobre la tierra, y no es lo material lo más importante sino los valores espirituales, los sentimientos y principios que les dejas”, asevera.

No todo sale perfecto, no todo sale como lo sueña este soldado incansable, pero asevera que debe hacerse el máximo porque hay cosas que ahora parecen utopías pero mañana, quizás, podamos lograrlo. Su visión es la misma de la juventud: trabajar con la idea de un hoy superior a ayer y un mañana mejor que hoy.

Su pasión y responsabilidad tienen la misma intensidad que aquel día en que cargó el busto del más insigne patriota holguinero, es igual a la implicada en las tareas de los CDR y similar a la empleada en cambiar la vida de las comunidades serranas de Holguín, donde este hombre a pesar de no ser ni tan alto ni tan fuerte, puede mover montañas.


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1 Comentarios

  • Magnífico trabajo dedicado a un hombre entregado a la construcción de la revolución . Muchas felicidades para él y gracias a la periodista que decidió dedicarle estas merecidas líneas a un holguinero que evidentemente mueve montañas,.

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