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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 22 Oct 2017 - 15:40

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Holguín huele a Sochi

Foto: Elder Leyva 12 holguineros partirán pronto hacia Sochi, Rusia, para participar en el XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. ¡ahora! dialogó con un joven orgulloso de representar a Cuba, para conocer sus puntos de vista y expectativas.

Es un tema recurrente de conversación, quizá por eso de que en pueblo chiquito, infierno grande. En el mejor de los casos, por orgullo materno, bastó con que le contara por teléfono para que la noticia se esparciera como pólvora. Para sus allegados, “Glessler”, para otros que encontraron indescifrable su nombre, “el hijo de Vladimir y Sonia”, o simplemente “el vecino joven y delgado de ojos verdes”, va a Rusia.

A pesar de la individualidad del viaje, en el poblado de Cantimplora, perteneciente al Consejo Popular Floro Pérez del municipio de Gibara, se respira alegría. Muchos se apresuran para “pedir” los más disímiles objetos, incluso “chiclets rusos”. Pero ni él mismo soñó este viaje en el instante en que supo se celebraría en Sochi, Rusia, el XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, del 14 al 22 de este mes. “Hay muchos jóvenes mejores que yo. No creí siquiera ser seleccionado como precandidato por la Universidad de Holguín, mi centro de estudios”, confiesa.

Glessler Vladimir Ramos Giral tiene 23 años y aunque cursa el último año de la Licenciatura en Turismo, de pequeño ese no era su sueño.

“Como todo niño me deslumbré con las computadoras desde la primera vez, y cuando crecí y me informé un poco más me di cuenta de que me gustaría estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones, pero no me llegó y entonces escogí mi carrera actual”.

Transcurridos casi cinco años sabe que no se equivocó, se percibe por la pasión con que habla de las numerosas investigaciones realizadas como parte de grupos científicos, y sus deseos por graduarse y continuar la interminable auto superación. Planeación turística, zonificación, estudio de la existencia de condiciones favorables o no para el desarrollo turístico, y la medición del impacto medioambiental, económico y social de esta actividad, todos en su querida Villa Blanca de los Cangrejos, encuentran espacio en su carrera académica.

En este punto de la conversación, cuando todo indicaba que este aplicado estudiante fue de pequeño un “niño bueno”, rectifica. “Qué va... si de niño casi todos los días me castigaban. Una vez a las seis de la mañana estaba metido en el riachuelo cercano a mi casa, hasta el cuello protegido por las plantas para no ser encontrado por mi mamá. ¡Te imaginas cuando me encontró...! No hice cosas tan graves. Ah, una vez que le quemé el colchón a mi abuela porque me gustaba mucho jugar con candela”, sonríe.

Y también bailaba, bueno, baila. “Siempre me gustó bailar pero nunca me había vinculado a ningún grupo. Me enseñó mi vecina, aunque yo creo que nací con ese bichito en la sangre”. En la universidad, ha bailado de todo, hasta folclor, por cierto donde el fuego lo persigue porque le tocó “'escupir candela' y jugar con las antorchas”.

¿Cómo llegas a Sochi?

“Fui propuesto desde mi brigada, luego una comisión determinó la candidatura hasta la facultad. Me sorprendió mucho ser seleccionado precandidato a nivel de Universidad y luego ser aprobado en la provincia”.

Como muchos, nunca había escuchado que existiese una ciudad Rusa con nombre similar al “sushi” japonés. Amigo del refrán “conozca Cuba primero y el extranjero después”, ha visitado casi todas las provincias cubanas. Para él, viajar y conocer es fundamental.

“No es lo mismo que te lo cuenten a vivirlo. Cuando se conoce la historia y se visitan algunos lugares, adquieren un significado especial. Saber del vínculo del sitio donde estamos con importantísimos acontecimientos, es increíble”.

Por eso, “yo quiero estar en la Plaza Roja de Moscú” fue una de las primeras cosas que pensó al conocer su selección. “Desafortunadamente, por desconocimiento muchas personas solo ven en el Kremlin una edificación, pero cuando nosotros lo visitemos, espero, y toquemos el símbolo de la Revolución Rusa, la cercanía con Lenin, creo que será espiritualmente indescriptible”.

En este momento, viajar a Rusia va a ser una oportunidad increíble para cumplir uno de sus sueños, asegura, pero será aún más importante porque representa a su país. “Espero poder compartir con jóvenes de otras latitudes temas como qué es Cuba, qué es Holguín, quiénes somos los cubanos, cómo vivimos, cómo nos divertimos, qué es levantarse cada día sin estar preocupados por la elevada violencia o inseguridad, realidad que sufren millones de jóvenes en otras partes del mundo. Además ser portavoz de la lucha por la paz, los derechos de los jóvenes, contra el bloqueo y el imperialismo.

Especial significado tiene este evento porque va a estar dedicado a Fidel, a casi un año de que no nos acompañe con su presencia física, y al Che. Ellos fueron defensores de la necesidad de la unión entre las juventudes del mundo, y no veo mejor homenaje que dedicarle este festival a quienes creyeron tanto en nosotros. Por eso, entre nuestro equipaje llevaremos el concepto de Revolución del Comandante en Jefe Fidel Castro”, afirma.

El Sochi que los espera es increíble. Situado entre las montañas nevadas del Cáucaso y el mar Negro, y de paso, ubicado en el país más extenso del mundo, es un balneario turístico preferido con lugares impresionantes. Muchos conocieron su existencia por la condición de sede de los Juegos Olímpicos de invierno en el año 2014, pero pocos saben que fueron los más caros de la historia, con un costo increíble de cerca de 21 mil millones de dólares.

Como Glessler, de seguro varios miembros de la delegación investigan las características del sitio que los acogerá, y hasta escogen los que les gustaría visitar. Entonces, han anotado admirar su parque nacional, el Jardín Botánico Dendrary, el más grande de toda Rusia, o la celestial vista de las Cataratas de Agura, con sus saltos de agua de 30 metros.

Quién sabe y los más intrépidos se atreverán a andar sobre el puente peatonal de suspensión más largo del mundo, porque sí, está en Sochi. Su pasarela cuelga de cables de acero, solo a 198 metros de altura, y se extiende por un poco más de medio kilómetro. Eso si, muy pocos querrán verse en los zapatos de los que practican puenting, que, no me crean, solo por definición: es un deporte extremo que consiste en lanzarse al vacío desde un puente, al que se está sujeto mediante una cuerda elástica atada a los pies.

Pero de todo lo que encontrarán, la mayor riqueza será contemplar la reacción de los demás al presentarse cubanos, y responder a las seguras preguntas de si es verdad esto o aquello, o cómo es posible, llevar su mensaje de paz y resistencia, pero sobre todo de lucha y esperanza.

Viajar a más de diez mil kilómetros no es cosa de juegos, más para las madres porque los hijos nunca crecen, o para los amores. Por eso no serán pocos los abrazos, lágrimas, o suspiros. Pero no hay motivos para la tristeza, porque no es una despedida, sino un hasta pronto, porque los veremos regresar en unos días de “la ciudad más joven del mundo”, con un puñado de chiclets rusos, y un “Jumbo” de sueños.


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