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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Mié, 28 Jun 2017 - 13:07

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Homenaje de altura

Foto: del autorEl Sinotrum nos esperaba frente al Comité Municipal de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en Mayarí. Reunidos todos. Los valientes del Movimiento Juvenil Martiano, la Sociedad Cultural José Martí y los dirigentes de la UJC, comenzaron la travesía.

Un par de vueltas por la ciudad para recoger casas de campañas y víveres, luego un desvío hacia un terraplén, el cual se empinaba más y más. El llano se convirtió en montañas, cada una, más alta que la otra, dejábamos atrás Mayarí, para adentrarnos en la Sierra Cristal.

Desde la cima de una montaña se observaba todo el valle de Mayarí hasta la bahía de Nipe; más adentro de la cadena montañosa, al descender, otra elevación, la geografía cambió totalmente.

Desapareció el terraplén con tramos de carretera y el camino se volvió rojo; una brisa helada nos erizó y la vegetación de taigá, llena de pinos, nos semejaron al místico bosque de Fork, habitado por grandes lobos y vampiros, a lo Stepheni Meyer.

Veintiséis kilómetros de montaña “rusa” nos condujeron hasta la comunidad La Cueva, perteneciente al consejo popular Arroyo Seco. Allí nos esperaba Ramón Martínez González, presidente provincial de la Sociedad Cultural José Martí, artífice de toda aquella aventura que apenas empezaba. Junto a él, las principales figuras de aquella pequeña comunidad perteneciente al Plan Turquino. Después de la acogedora bienvenida y de una merienda, el día de los montañeses giró en torno a estos inusuales visitantes.

Un profesional encuentro de pelota y la monta de caballos fueron interrumpidas por la lluvia, que no frenó el proyecto musical Más Jóvenes al ritmo del cual bailaron grandes y chicos en una hermosa velada. La noche fría transcurrió ligera, el “de pie” fue temprano, empezaba la verdadera aventura.

Un camión nos adelantó un par de kilómetros de los diez que debíamos recorrer. La lluvia del día anterior había empantanado los caminos y veredas, algunos se guitaron los zapatos. El trayecto fue toda una experiencia al estilo del episodio Memorias de un Abuelo.

Dos horas y media de extenuante caminar nos llevaron a San Ulpiano, histórico sitio donde el general Maceo venció a la columna de San Quintín, ocasionándoles grandes bajas.

Allí estábamos, reviviendo el sacrificio de los que murieron por esta tierra, rindiéndole tributo a dos grandes de la historia, Antonio Maceo y Ernesto Guevara de la Serna en honor a sus 172 y 89 cumpleaños, respectivamente.

El silencio del monte se rompió con las notas de nuestro Himno Nacional, palabras de los jóvenes con más experiencia y el compromiso de salvaguardar nuestra historia y las conquistas alcanzadas por la Revolución fue el homenaje desde las alturas de estos jóvenes en representación de todos los holguineros.


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