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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Vie, 20 Oct 2017 - 13:36

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Paradas en espera

Parada_de_0mnibus.jpgElla espera impaciente. Su esperanza es que “Diana” aparezca pronto. No sabe si vendrá con pocos o muchos pasajeros, pero su estancia no es ni agradable ni esperanzadora.

Está rodeada no solo de personas, sino de mal olor y fetidez que desprende todo el espacio donde diariamente acuden los habitantes para ir de un lugar a otro.

Un par de siglos ha pasado desde el surgimiento de las primeras paradas en el Londres del siglo XIX, cuando los autobuses comenzaron a transitar por la ciudad inglesa, pero no fue hasta las primeras décadas del siglo XX que su uso tuvo un alcance global.

Desde entonces, las paradas, ese espacio público ubicado por toda la simetría de ciudades y pueblos, con diferentes estructuras y formas, han estado ligadas a la cotidianidad de los seres humanos, en especial y de manera muy íntima, a la vida de la mayoría de los cubanos.

Quién no ha permanecido en ella más de media hora, ha iniciado una conversación con conocidos y desconocidos, se ha sumado a debates sobre la canasta básica, la comida, el transporte, los ciclones… o ha agitado el amor a primera, segunda y hasta terceras vistas.
Sin embargo, hay quienes las han convertido en baños públicos, o grandes papeles donde se pinta cualquier garabato o se escribe frases hechas y malas palabras, y hasta las han maltratado en partes de su estructura.

Las víctimas de este mal accionar han sido, sobre todo, aquellas paradas construidas con un diseño pensado para el resguardo del sol y la lluvia y poseen bancos para la espera, a diferencia de otras que solo tienen el cartel identificativo en árboles o postes eléctricos.

Recientemente una holguinera me comentaba su preocupación sobre las condiciones de la parada de Ciudad Jardín en el municipio cabecera, cuya fetidez molesta la estancia de los que allí acuden, además de la cercanía de un puesto de venta de alimentos ligeros, situación que puede afectar la salud de pobladores y visitantes.

Como ella, otros se preguntan de quién es responsabilidad las paradas y la limpieza de las mismas, pues parece que están por “cuenta propia” expensas al deterioro y al maltrato de personas inescrupulosas.

Algunas se han construido en lugares de importancia social, como la del Hospital Clínico Quirúrgico, que en no más de dos años de ser erigida, ya es “blanco” del mal olor y las palabras obscenas en sus paredes.

Se conoce que la Empresa de Comunales es la encargada de velar por el cuidado y limpieza de las paradas, y además, carecen de personal incluso para la higienización de la ciudad, pero se hace necesario buscar alternativas para mantener estos espacios públicos en óptimas condiciones y evitar que se conviertan en criaderos de mosquitos, roedores y hasta de malas conductas.

Pero el descuido no recae completamente en Comunales, sino también en los holguineros y holguineras que a diario acudimos a las paradas y debemos velar por su cuidado ante actitudes incorrectas.

A la situación de las paradas se suma también la de lugares específicos o esquinas de la Ciudad de los Parques, como áreas aledañas al Centro Provincial de Artes Plásticas o al Hotel Saratoga, donde la fetidez se hace sentir durante el paso de los transeúntes.
Esto requiere de acciones conjuntas entre la población y organismos involucrados como la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), Comunales y la Empresa de Seguridad y Protección con el sistema de cámaras por toda la urbe.

Por la salud y el bien común, todos tenemos que velar por estos espacios, que constituyen parte inseparable de la cotidianidad del holguinero. Mientras tanto, las paradas de nuestra ciudad, descendientes de aquellas primeras londinenses, esperan impacientemente su cuidado.


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