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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 22 Oct 2017 - 15:40

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La vigencia del Che, 50 años después

Ernesto-Guevara.jpgA sus enemigos les cuesta creer que en motocicleta recorriera parte de Latinoamérica, tomándole el pulso a la pobreza y que después pidiera armas para defender a la Guatemala de Árbenz y se uniera a un grupo de jóvenes encabezado por Fidel Castro.

Médico y combatiente, se ganó el respeto de sus compañeros, pues hasta alfabetizó a algunos de ellos. Consideraba a América Latina como su país natal. Santa Clara era el último bastión del Tirano. Se peleó casa por casa. Las tropas al mando del Guerrillero Heroico le dieron un golpe mortal a la Dictadura batitiana de la Cuba de la década del 50 del pasado siglo.

Designado presidente del Banco Nacional de Cuba y ministro de Industrias, tuvo que adentrarse en un mundo en el cual su constancia lo fue proveyendo de conocimientos. Muchas son las anécdotas de sus visitas a fábricas, sus trabajos voluntarios y los diálogos con los obreros.

Fue a la ONU y dejó frases que todavía truenan. Diagnosticó los errores del socialismo en la extinta Unión Soviética y debatió sobre Economía sin autosuficiencias. Vivió en la isla caribeña los momentos cruciales de Playa Girón y la Crisis de Octubre, cuando el Imperialismo norteamericano quiso deshacerse de la Revolución Cubana.

Al Congo se fue a batallar, donde un diamante valía más que un ser humano. A Bolivia llegó para crear un frente que ayudara al despertar del Cono Sur. La explotación en los confines de la Pachamama era igual a la que conoció en sus tiempos de mozalbete. Estuvo 11 meses en suelo boliviano, luchando contra un Ejército que tenía el respaldo de EE.UU. Trastornó a los boinas verdes norteamericanos.

Una delación produjo los sucesos de La Quebrada del Yuro. A la escuelita de La Higuera lo llevaron, interrogándolo hasta que se dio la orden en Washington, no en La Paz o Cochabamba, de asesinarlo.

El tiempo fue implacable y lo redimió totalmente. Aparece en un tatuaje de una jovencita sueca o en el pulóver de un cadete de West Point; en la Plaza de la Revolución José Martí o en el “¡Seremos como el Che!” de un pionero serrano. Murió con una estrella en la frente.


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