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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Jue, 23 Nov 2017 - 15:20

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Himno de la Revolución

martimonumento.jpgEn el 1892, un año decisivo en los preparativos de la Guerra Necesaria, Martí publica en Patria las estrofas de nuestro Himno Nacional.

Período crucial en la Batalla de Ideas, convocada por el Maestro, para insistir en que la lucha armada era el único camino viable para   obtener la libertad, combatir las tendencias ajenas al independentismo
y levantar los ánimos, todavía dispersos, después de lo del Zanjón.

Martí acude a todo lo que pudiera alimentar el patriotismo y exaltar el fervor de los cubanos. Nada más oportuno que un tema tan crucial  en la historia de Cuba como el 20 de octubre de l868, la primera vez
que se cantó La Bayamesa.

De esa fecha diría: “Para que lo entonen todos los labios y lo guarden todos los hogares, para que corran de pena y amor las lágrimas de los que oyeron en el combate sublime por primera vez,
para que espoleen la sangre en las venas juveniles, el himno cuyos acordes, en la hora más bella y solemne de nuestra Patria, se alzó el decoro dormido en el pecho de los hombres”.

Ese breve párrafo encierra el significado de aquel glorioso hecho,  calificado por historiadores como el día que cultura y nación se convirtieron en un concepto inseparable, donde poesía, arte y
rebeldía confluyen en el fragor del combate.

Quienes de nuevo van a la manigua no podían olvidar los pormenores de aquel comienzo. La Bayamesa, devenida, después, en Himno Nacional cubano, encarna siempre un canto de guerra, para enfrentar cada acción por la soberanía desde que Perucho Figueredo, su autor, lo escribiera cuando la toma de Bayamo a diez días de iniciada la Guerra de los 10 años.

himno-nacional-y-perucho-figueredo-580x383.jpgSu nacimiento ilustra la grandeza. Cuando se crea el primer núcleo organizador de la contienda el 13 y el 14 de agosto de l867, Maceo Osorio, uno de los integrantes, le dice a Perucho: “Estamos en Comité
de Guerra, te toca a ti, que eres músico, componer nuestra Marsella”. Se refería al símbolo de rebeldía de los oprimidos en Francia.

Perucho compone la melodía evocando esa marcha y, 14 meses después, en la primera victoria mambisa el pueblo le pide la letra. Sentado sobre la montura de su caballo la escribe y allí se canta por primera vez.

Las estrofas reflejan amor a la tierra, decisión combativa, y como arte y combate confluyen, indisolublemente, en aquel memorable momento, la historia registra toda su dimensión, cuando el 22 de agosto de 1980 instituyen al 20 de octubre como Día de la Cultura Nacional.


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