Corazón gigante
- Por Frank Pupo Cruz, estudiante de periodismo
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Doctor Jorge Luis Quiñones Aguilar.
Yo, como seguramente muchos otros, guardo en el pecho una lista de todas aquellas personas las cuales ya sea por su personalidad, actuar, o pensar, han despertado en mí el sentimiento de admiración.
En el último renglón de mi lista, donde figura la más reciente adquisición, aparece este nombre: Jorge Luis Quiñones Aguilar.
Quiere el curioso saber por qué. Es sencillo, él, asombra. Solo verlo llegar, hace sentirse impactado. A los 50 años es un gigante caucásico. Sus modales refinados y su buen vestir inspiran un aire elegante. Incluso casi da miedo acercarse pues proyecta esa sombra de hombre serio y preocupado. Nada más lejos de la realidad, sorprende también su gran carisma. Comparte siempre una sonrisa con todos. Su voz trasmite una calidez capaz de hacer sentir seguro y tranquilo al receptor. Esto no es de extrañar, son las cualidades de un gran doctor. Pero una vez que lo conoces, todo esto pasa al segundo plano. Lo más impactante es su desarrollo profesional.
Si no me creen, escriban su nombre en el navegador de Internet y tendrán la posibilidad de hacerse a una idea. Conocerán al especialista de segundo grado en MGI e Higiene y Epidemiología y además, especialista del Departamento Provincial de Promoción de Salud en Holguin, quien es reconocido como uno de los pioneros y veterano de las Misiones Médicas Internacionalistas del Contingente Henry Reeve.
Si algo ha provocado que a distancia aparente ser serio, es sin duda alguna todas las tragedias que ha asistido en su vida. Siete misiones en total. Cada una ha marcado al doctor Quiñones de manera diferente. Abandonó su país y todo lo que aquí tenía para ir allí donde alguien pudiese necesitarlo. Mucho ha visto y ha sufrido. Seguramente más de lo que cualquier persona normal pudiese aguantar. A costa de la vida suya y de su familia, se ha dedicado a mejorar la de los necesitados.
La mayor parte de su obrar está recogido en varias entrevistas para distintos medios tanto nacionales como extranjeros. Se encontraba en la tierra de Bolívar cuando ocurre el Huracán Katrina en los Estados Unidos y forma parte del primer grupo de médicos en unirse al recién creado Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias "Henry Reeve" el 19 de septiembre de 2005.
Sirvió en el terremoto de Pakistán en el 2006. También en el terremoto de Haití en el 2010 y seguidamente descubrió en una guardia suya los 3 primeros casos de cólera. Combatió el ébola, en Sierra Leona, haciendo frente al calor y a la incomodidad del traje de protección. Se enfrentó a la COVID 19 en Italia a pesar del desconocimiento y gracias a su labor se avanzó en la investigación y el desarrollo de las vacunas.
Aún así hay labores realizadas que desconocemos o no se ha profundizado y merecen ser reconocidas.
Imagínense la sorpresa al ser el primero en enterarme que se dedica a escribir un libro. “¿Médico, periodista, o las dos cosas?” ocupa hoy gran parte de su tiempo. En él recoge toda su experiencia como colaborador y corresponsal de las misiones médicas cubanas en el extranjero.
Figuran como ejemplo Italia, dónde participaba en los reportajes para el Noticiero Nacional. El caso del ébola, en Sierra Leona, desde allí, con grandes dificultades hacían una emisión con la emisora de radio provincial de Holguín para un programa llamado el Ventanazo Internacional. Todas las grabaciones, imágenes y publicaciones que recibieron los periodistas aquí en Cuba fueron tomadas y redactadas por sus manos.
Entonces pregunto algo que ha pasado inadvertido en otras entrevistas al doctor. Entre las campanas de desacreditación de los Estados Unidos hacia nosotros, se encuentra el argumento de que nuestros médicos participan en estás misiones en condición de esclavitud, sin conocer su tarea, y sin recibir un pago justo por sus servicios.
Contesta que nunca ha sido así pues siempre han estado conscientes de lo que van a hacer, de los riesgos y de lo que van a recibir por esas misiones. Es innato en nuestros médicos el ayudar sin que medie un pago pues es lo que nos enseñaró nuestro Comandante, es parte de nuestra formación revolucionaria. Siempre hemos ido orgullosos y prestos a ayudar todo el tiempo independientemente de los sacrificios hechos por nosotros o nuestras familias.
Al hablar es sereno, pero cuando el nombre de Fidel es pronunciado por sus labios se puede notar cierta emoción. Es aquí donde sale a relucir otra vez algo nuevo de su persona.

El doctor Quiñones conoció a Fidel Castro en la Convención Internacional de Estudiantes en el año 1997. Confiesa no recordar el acto, ese día toda su atención fue robada por ese hombre. Guardó con cariño el recuerdo, pensando quizá que sería la única oportunidad de verlo. El destino le enseñaría lo equivocado que estaba.
En el año 2006, el Comandante en Jefe reúne una cantidad importante de profesionales de la salud para ayudar en Pakistán debido al terremoto. Antes de partir a la misión, los despidió a todos personalmente. Fue en esta ocasión donde fueron presentados formalmente e interactuaron con mayor libertad.
El doctor Quiñones es testigo viviente de la ardua labor de Fidel en el ámbito de la salud, dónde su preocupación se extendió más allá de las fronteras de Cuba. Incluso en débil estado de salud, no dejó de preocuparse por sus hombres y su labor.
Cumpliendo contra el cólera en Haití, nuestro líder ya enfermo y delicado, contacta directamente al número personal del doctor. Recopilaba información y datos sobre la situación en el cercano país para dar a conocer al mundo la labor de nuestro ejército de batas blancas. No podía salir de su asombro. La información ofrecida por el doctor Quiñones se encuentra reflejada en 4 reflexiones publicadas.
Este epidemiólogo cubano fue educados con los principios revolucionarios del desinterés, el humanismo, la solidaridad y el internacionalismo. El deber de un hombre es estar allí donde más se le necesite, y el Doctor Jorge Luis Quiñones Aguilar ha cumplido esta máxima con medalla de oro.
Yo, definitivamente lo admiro, como admiro al Comandante, porque para desprendese de lo que uno ama por ayudar a los demás y para sufrir lo mismo de los demás, se debe tener un corazón gigante.
