Insomnes centinelas de la Patria

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Con el firme compromiso de custodiar cada palmo costero, donde el mar abraza al archipiélago cubano, permanecen vigilantes, día y noche, los abnegados y valientes hombres y mujeres de las Tropas Guardafronteras del Ministerio del Interior.

Hace 63 años, en perenne desafío al peligro, garantizan la paz y tranquilidad del pueblo desde esta trinchera, que los destinó a convertirse en el escudo impenetrable de la mayor de las Antillas, en su crucial papel de protectores y vigilantes de la defensa de la soberanía nacional.

A la iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz le deben su surgimiento. El 5 de marzo de 1963 en la península de Hicacos, provincia de Matanzas, en una época en que el país necesitaba defenderse de agresiones externas que pretendían destruir la Revolución, nació como Sección de Lucha Contra Piratas, bajo el mando del capitán Orlando Pantoja Tamayo, “Olo”, integrante del Ejército Rebelde. Un año después pasó a integrar las filas del Ministerio del Interior como Departamento de Vigilancia de puertos y costas, y en 1975, ya con una estructura más consolidada adoptó el nombre de Dirección de Tropas Guardafronteras.

El propio Fidel en el discurso del Primer Congreso del Partido en ese año se refirió a la gallardía y sacrificio de estas fuerzas, expuestas siempre a los más increíbles peligros, pero siempre firmes en su convicción de centinelas insomnes, como los catalogó.
Desde entonces, fraguadas en la necesidad de enfrentar las agresiones, ataques de lanchas piratas, infiltraciones de grupos armados contrarrevolucionarios, y las actividades de terrorismo impulsados desde el norte para desestabilizar al país, han escrito una historia de entrega, lealtad y valentía sin límites, también en la lucha contra el tráfico de drogas y personas y en tareas de rescate y salvamento.

A propósito de este nuevo aniversario, vale reconocer su decisiva actuación en el enfrentamiento a los recientes hechos relacionados con el intento de infiltración y las provocaciones organizadas desde el exterior. La contundente y profesional respuesta permitió neutralizar al grupo de cubanos residentes en Estados Unidos, que armados con fusiles, pistolas y artefactos explosivos, pretendían sembrar terror y muerte en el territorio, y confirmó la vitalidad de un órgano que sigue fiel a sus principios, aun cuando muchos alegan que la Cuba de hoy no será defendida por el cansancio generado tras la aguda crisis.

Durante más de seis décadas las TGF también libran una batalla silenciosa e igualmente titánica contra el flagelo del narcotráfico. En esta lucha han demostrado una eficacia extraordinaria. Los propios enemigos lo reconocen. Paradójicamente, aun cuando nos mantienen en listas de países terroristas, han expresado que la “sólida y agresiva presencia de seguridad” en Cuba limita severamente la capacidad de las organizaciones criminales, pues las operaciones cubanas han servido de muro de contención para impedir la llegada de un volumen significativo de drogas a este norteño país. Así lo recoge el propio informe de 2024 del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Analistas militares e historiadores internacionales reconocen la labor eficiente de nuestros guardafronteras y su colaboración con otros cuerpos de seguridad. Esta cooperación, incluso con la Guardia Costera de Estados Unidos demuestra, además de profesionalidad, la consolidación de este órgano como un baluarte en la seguridad marítima regional.

Hay hechos concretos en años recientes que así lo patentizan, como la detección y neutralización de más de 300 kilogramos de marihuana en mayo de 2023, interceptados en las costas del municipio de Banes. La operación conjunta con los guardacostas norteamericanos permitió incautar la droga e impedir un desastre mayor en la humanidad.

Por eso, la sola presencia de los TGF constituye garantía de tranquilidad para nuestras familias y la integridad de nuestras costas, al patrullar cada milla, muchas veces e condiciones extremas, pero siempre guiados por su entereza y arrojo, y la inquebrantable fidelidad al pueblo y a la Revolución, una especie de juramento que se renueva con cada misión cumplida, conscientes de que su sacrificio es pilar y sostén de la paz de la nación.

En sus 63 años de existencia han sabido crecer, expandirse a lo largo y ancho del archipiélago, consolidarse como imprescindibles dentro del Minint, con un legado de honor, disciplina y victorias que trasciende de generación en generación. En momentos complejos para esta Isla, amenazada y asediada por no claudicar en sus principios soberanos, más que nunca se hace necesaria la entrega de estos soldados del mar, a quienes el pueblo agradece su desvelo.

Yanela Ruiz González
Author: Yanela Ruiz González
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Lic. en Estudios Socioculturales, periodista de la Casa editora ¡Ahora! Especializada en temas de Educación y Educación Superior Fan de las redes sociales

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