Birán: punto de encuentro con la historia
- Por María Karla Lam González
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Fotos: Juan Pablo Carreras
Para Leidy Martínez Hidalgo, museóloga del Conjunto Histórico de Birán, defender la memoria del líder de la Revolución cubana, atesorada en paredes de madera, fotografías antiguas y piezas domésticas, es la forma más hermosa de proteger una parte esencial de la historia de la isla.
La especialista explicó a la Agencia Cubana de Noticias que en Birán se puede comprender parte de la raíz del pensamiento de Fidel Castro, desde la pequeña escuelita rural donde compartió con los niños del pueblo, hasta el balcón de su cuarto desde el cual saludaba a quienes transitaban por el Camino Real; y el rincón donde quedó la huella del disparo accidental con el rifle de su hermano Ramón.
El sitio, ubicado en el municipio holguinero de Cueto, conserva la casa familiar, la escuela, la oficina de correos, la gallera y un pequeño hotel, reflejo del entramado social con que Ángel Castro, padre de Fidel, levantó el poblado, al integrar en su estructura los bohíos de haitianos y campesinos.

Martínez Hidalgo relató que Fidel y Raúl provenían de una familia acomodada, y que el Comandante estaba destinado a ejercer como abogado, con una casa lista para recibirlo tras su graduación, pero decidió permanecer en La Habana y continuar la lucha por la libertad.
Añadió que ambos hermanos estuvieron comprometidos con la causa revolucionaria y, cuando llegó el momento, renunciaron a las propiedades familiares. Recordó que casi se concreta la construcción de una presa en el terreno del Sitio, hasta que Celia Sánchez intervino en las décadas de 1970 y 1980 para reconstruir la vivienda original respetando cada detalle.

Hoy el Conjunto Histórico de Birán, declarado Monumento Nacional en 2008, preserva más de mil 700 objetos de la familia Castro, entre ellos: la habitación donde nació Fidel, el comedor, la escuela que frecuentó como oyente, fotografías de Raúl en su infancia y el panteón familiar con rosas de cobre dedicadas a cada miembro.
Afirmó la museóloga que trabajar allí durante más de 25 años constituye un orgullo, rodeada de un equipo que comparte la misión de acercar a visitantes, extranjeros y nuevas generaciones, a la vida del Comandante y a los acontecimientos que comenzaron con el triunfo del primero de enero de 1959.


Visitar Birán es tocar la historia con las manos y recordar, entre su paisaje inmutable y sus paredes cargadas de recuerdos, que las revoluciones nacen de realidades concretas y que los líderes, antes de ser mitos, fueron niños que jugaron en un pequeño pueblo y eligieron luchar por la libertad.


