La canícula convierte en horno
microwave los pocos metros cúbicos de la guagua local. Uno se repliega sobre sí mismo, se encoge para evitar el sudoroso brazo del vecino, la sudorosa axila del prójimo, la sudorosa faja de un jeans “pelviano” de la que brotan panza y trasero dos tallas mayores; el sudoroso escote de la pasajera, que nos hace testigos de sus más profundos aromas; recuerdan la historia infantil donde comer ciertos alimentos hace crecer o achicarse.
Read more Erotismo "urbano"