Desarrollo del pensamiento crítico
- Por Rodobaldo Martínez Pérez
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Sin sacudirnos el polvo del camino, llegamos cerca de las seis de la tarde al busto de Simón Bolívar que se encuentra en la avenida más transitada de Holguín. La Marcha de las Antorchas partiría desde allí hasta el parque de la ciudad que lleva el nombre de nuestro Apóstol. Era una nueva ruta, como si con ella se pretendiera dar un discurso sobre la independencia latinoamericana.
Hay cifras que no hacen ruido, pero pesan. Se cuelan en la vida diaria como un silencio largo, una ausencia que se nota en la mesa, en el patio y en las calles cada vez más vacías. Cuba cerró 2024 con 9 millones 748 mil 532 habitantes, según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), lo que representa un descenso respecto al año anterior.
Adenoid Hynkle peina su bigote todos los días al levantarse. Una vez arreglado, sube al estribo frente a una multitud. Lanza una serie de gritos, rabietas y sonidos guturales ininteligibles. Sus seguidores se alborotan aunque no le entienden una palabra. Se retira y se reúne en su despacho con su consejero Herring; un lamebotas que alaba todas las decisiones que toma, aunque sean estúpidas. Coge un teléfono y llama a un banquero judío muy rico pidiendo un préstamo, pues necesita dinero para poner en marcha su plan de exterminio a los judíos. Este se niega por razones obvias. Hynkle protagoniza una perreta legendaria. Echa de una patada a su consejero y se encierra en su despacho. Coge un globo terráqueo, lo hace girar y con los ojos cerrados escoge un territorio al azar. “Este país me gusta”, exclama entusiasmado.