A varias voces

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Sinfónica Hg concierto 1

El otoño llegó primero. No como estación, sino convertido en música mediante un popurrí que tomó como referencia Autumn Leaves, aquella canción francesa que terminó por convertirse en uno de los grandes estándares del jazz. Amore perduto trajo consigo otra manera de acercarse al desamor. Así comenzó el recorrido musical que propuso Yusif Savalan junto a la Orquesta Sinfónica de Holguín, una travesía por diferentes idiomas, estilos y tradiciones que dejó al descubierto tanto las virtudes como las dificultades de reunir intérpretes de distintas procedencias.

De origen azerbaiyano y radicado en Canadá, Savalan presentó un repertorio donde convivieron la canción francesa, el bolero latinoamericano, la música napolitana, la ranchera mexicana y composiciones vinculadas al teatro musical. El amor, la nostalgia y el desengaño funcionaron como hilos conductores de una propuesta que reunió, además, a las cantantes Liz Ponce y Yakira Ricardo y a la Compañía de Danza Contemporánea Codanza. No obstante, más allá de las procedencias de cada pieza, el interés estuvo en descubrir cómo dialogaban aquellas expresiones sobre un mismo escenario.

Y entonces llegó La nave del olvido. Bastó la introducción de la Orquesta Sinfónica de Holguín para comprender que algunas emociones comienzan mucho antes de que alguien pronuncie una palabra. Hubo en aquellas primeras frases musicales una majestuosidad difícil de describir sin recurrir a las sensaciones físicas: el escalofrío que asciende por la columna vertebral, la piel que se eriza casi involuntariamente. Los instrumentos construyeron una atmósfera sobrecogedora, y cuando finalmente se incorporó la voz de Savalan, buena parte de la emoción ya estaba allí, suspendida entre las notas. La célebre balada, popularizada por José José, adquirió una dimensión distinta gracias al tratamiento sinfónico y a la participación de Codanza, que añadió el lenguaje corporal a aquella súplica amorosa frente a una despedida inevitable.

La emoción encontró otro cauce en All I Ask of You, del musical El fantasma de la ópera, de Andrew Lloyd Webber. La pieza, concebida como un diálogo amoroso entre Christine y Raoul, encontró en Liz Ponce una intérprete de extraordinarios recursos. Su voz, amplia, segura y de una proyección imponente, adquirió mayor presencia que la de Savalan en varios pasajes.

Sinfónica Hg concierto 2

El lirismo de la canción latinoamericana regresó con Historia de un amor, bolero compuesto por el panameño Carlos Eleta Almarán, esta vez con las voces de acompañamiento de Liz Ponce y Yakira Ricardo. Ambas, con recursos vocales más que suficientes para asumir el protagonismo, demostraron también el dominio que supone saber permanecer en un segundo plano. Lejos de competir con Savalan, consiguieron un equilibrio armónico que enriqueció la interpretación sin restarle presencia al solista. Porque acompañar también exige escuchar, dosificar la potencia y encontrar el espacio preciso para que las voces se complementen.

Con 'O sole mio, la tradición napolitana ocupó el escenario. La composición, convertida con el tiempo en una de las canciones italianas más reconocidas internacionalmente, encontró en Savalan y Liz Ponce dos intérpretes que supieron transmitir su carácter expansivo y apasionado. Ambos ofrecieron una interpretación convincente, favorecida por el acompañamiento de la Sinfónica. El cierre, sin embargo, reservó una sorpresa: Liz introdujo una variación melódica y alcanzó un agudo sostenido que prolongó con notable seguridad y control vocal. Aquel instante aportó un brillo especial a la pieza y dejó entrever sus amplias posibilidades expresivas.

La ranchera mexicana encontró su lugar con Mujeres divinas, composición de Martín Urieta popularizada por Vicente Fernández. Su universo sentimental, distinto al de las canciones anteriores, dio paso a una nueva aparición de Codanza, cuya coreografía aportó movimiento y atractivo visual al número.

El encuentro entre la canción popular y las sonoridades de tradición lírica tuvo uno de sus exponentes en Con te partirò, popularizada por Andrea Bocelli. Savalan volvió a compartir escenario con Liz Ponce, esta vez en una interpretación cuyo cierre permitió apreciar especialmente sus recursos técnicos. En la exigente nota final, el cantante consiguió una colocación vocal muy bien resuelta, otorgando al desenlace la firmeza y el sostén que demandaba la pieza.

Sinfónica Hg concierto 3

El protagonismo pasó entonces a Yakira Ricardo con Quién será, composición mexicana de Pablo Beltrán Ruiz y Luis Demetrio, asociada al mambo y conocida internacionalmente a través de sus versiones de Sway. La cantante asumió íntegramente el número con una voz poderosa y una presencia escénica que merecieron especial atención. Su desempeño adquiere todavía mayor valor al conocer que apenas había podido realizar una pasada de la canción con la orquesta. Una preparación conjunta tan limitada no pareció representar obstáculo alguno para Yakira, quien se adueñó del escenario con una energía arrolladora y una soltura interpretativa que hicieron de su presentación una verdadera explosión de vitalidad.

Precisamente tras aquella actuación llegó uno de los tropiezos más perceptibles de la noche. Antes del comienzo de Quizás sobrevino una espera incómoda, motivada por la ausencia momentánea de Savalan durante su cambio de vestuario. Desde el público, resultaba razonable suponer que la interpretación completa de Quién será habría proporcionado tiempo suficiente para realizarlo, aunque se desconocen las causas de la demora. El propio Orestes Saavedra intentó ganar tiempo retomando la afinación de la orquesta mientras se aguardaba el regreso del cantante. Lo que debió resolverse mediante una transición natural terminó por interrumpir el ritmo escénico.

Sinfónica Hg concierto 4

La música recuperó su curso con Quizás, el célebre bolero de Osvaldo Farrés, acompañado por una de las intervenciones más vistosas de Codanza. La compañía devolvió el dinamismo al escenario y aprovechó el carácter sugerente de la pieza para incorporar movimiento a su cadencia. Sin embargo, a lo largo del espectáculo, sus apariciones parecieron responder principalmente a una intención ornamental. Las coreografías resultaron agradables y, por momentos, particularmente atractivas, pero no llegaron a desplegar plenamente la personalidad artística que distingue a la agrupación. Más que establecer un diálogo autónomo con la música, contribuyeron a embellecer su representación escénica.

La intimidad volvió a ocupar el centro de la presentación con Hier encore, de Charles Aznavour. Savalan había confesado que aquella era su canción favorita, y su interpretación permitió comprender por qué. La obra, perteneciente a la tradición de la chanson francesa, reflexiona sobre la juventud perdida, el paso del tiempo y las oportunidades que ya no pueden recuperarse. Lejos de exigir únicamente potencia, necesita intención y sensibilidad para comunicar el peso de cada palabra. En ella, Savalan se lució especialmente, demostrando que sus mayores virtudes también podían encontrarse en el manejo expresivo de una melodía y no solo en la exigencia vocal de sus notas más complejas.

El regreso a las sonoridades napolitanas con Tu ca nun chiagne marcó el último acercamiento del programa a ese universo de melodías apasionadas y profundo sentimentalismo. La canción abrió paso a un cierre de carácter completamente diferente. Si buena parte de la velada había transitado por baladas y composiciones que concedían amplios espacios a la expresión vocal, Moliendo café llegaba con otras exigencias.

Y fue precisamente entonces cuando la Orquesta Sinfónica de Holguín alcanzó uno de los momentos más deslumbrantes de la noche.
La célebre composición venezolana, de marcado carácter rítmico, encontró bajo la dirección de Orestes Saavedra una vitalidad extraordinaria. La orquesta no se limitó a acompañar: se adueñó musicalmente del escenario. El pulso firme, la claridad de las entradas instrumentales y la manera en que las diferentes secciones se integraban dieron a la interpretación una fuerza difícil de ignorar. Había empuje, pero no precipitación; energía, sin que el sonido perdiera definición. Los acentos rítmicos aportaban carácter a la pieza, mientras el conjunto avanzaba con una coordinación que permitía apreciar tanto la contribución de cada cuerpo instrumental como la solidez del resultado colectivo.

Sinfónica Hg concierto 5

Lo verdaderamente admirable fue la manera en que esa fuerza se sostuvo sin sacrificar los matices. La interpretación no descansó únicamente en el volumen o en la velocidad, sino en el control del pulso, la articulación de los instrumentos y la capacidad de responder unos a otros. Cada intervención parecía encontrar su lugar dentro de una estructura musical que, aun en sus momentos de mayor ímpetu, conservaba claridad y equilibrio. El carácter festivo de Moliendo café encontró así una expresión sinfónica vibrante, de esas que obligan a prestar atención no solo a la melodía, sino a cuanto sucede detrás de ella.

Y quizás por eso resultaron todavía más evidentes las dificultades de Savalan para ajustarse a los tiempos de la canción. El cantante pareció desenvolverse con menor naturalidad ante las demandas rítmicas de una composición muy distinta a las baladas y piezas románticas donde había mostrado mayor comodidad. En varios momentos, Liz Ponce y Orestes Saavedra debieron ofrecerle referencias para facilitar sus entradas y ayudarlo a recuperar la sincronía con el acompañamiento.

Aquella situación, lejos de deslucir el trabajo, permitió apreciar otra de las virtudes de la Sinfónica: su capacidad de respuesta. Saavedra mantuvo la conducción del conjunto mientras atendía las dificultades del solista, sin permitir que las irregularidades vocales alteraran el desarrollo musical de la pieza.

Sinfónica Hg concierto 6

A ellos se sumó Yakira Ricardo, cuya participación trascendió el acompañamiento para reunir, en un mismo número, las tres voces protagonistas de la noche. Codanza completó la escena con otra interpretación coreográfica, aportando el componente visual a un cierre donde la música reclamaba el mayor protagonismo. Así, Moliendo café terminó por convertirse en una muestra de las posibilidades del trabajo colectivo, incluso cuando la coordinación entre sus participantes no alcanzó siempre el mismo nivel.

El concierto de Yusif Savalan permitió apreciar tanto las posibilidades como los desafíos de reunir artistas de diferentes tradiciones. El cantante demostró versatilidad, sensibilidad interpretativa y momentos de solvencia técnica, aunque no siempre consiguió desenvolverse con idéntica naturalidad en todos los estilos del programa. Liz Ponce y Yakira Ricardo, por su parte, confirmaron sus cualidades como intérpretes capaces de asumir tanto el protagonismo como el acompañamiento, mientras la Orquesta Sinfónica de Holguín reafirmó su calidad musical, especialmente cuando las exigencias del espectáculo requirieron algo más que una ejecución impecable.

Un concierto no se construye solamente con buenas voces, arreglos musicales o coreografías: necesita que todas esas partes aprendan a escucharse. Y cuando lo consiguieron, la música habló por todos.

 


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