El buen olfato de la Aduana
- Por Yanela Ruiz González
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El can recorre los bultos, olfatea. Vuelve una y otra vez. Su compañero, el hombre que se ha convertido en su guía, le hace gestos que solo ellos saben y entienden lo que significan. La operación es repetida hasta que el animal “revisa” cada paquete en el Centro de carga y recepción, a donde fue llevado para detectar si existe algún intento de entrada de sustancias narcóticas o explosivos al país.