El legado internacionalista de Cuba: lección de dignidad

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combatiente 01Foto: Juvenal Balán

El 27 de mayo se conmemora en Cuba el Día del Combatiente Internacionalista, fecha que honra a quienes llevaron el espíritu solidario de la Revolución Cubana más allá de sus fronteras. La elección de este día rememora la culminación de la Operación Carlota, la misión militar cubana en Angola que concluyó en 1991, tras más de quince años de lucha. Esa fecha quedó grabada en el alma nacional como símbolo de la entrega de los hijos de esta tierra que, sin más recompensa que el deber cumplido, defendieron la libertad de otros pueblos.

La participación de Cuba en Angola fue un acto de expresión genuina de los principios que distinguen a la Revolución cubana en todos los tiempos, heredados por quienes contribuyeron a la libertad de esta tierra e inculcados por el Comandante en Jefe Fidel Castro desde los primeros años: no es compartir lo que sobra, sino arriesgar lo que se tiene, incluso lo más valioso, la vida.

La Operación Carlota nació como respuesta a la solicitud de ayuda del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) ante la invasión de tropas sudafricanas que pretendían impedir su independencia. Cuba no dudó. Los primeros instructores militares partieron en noviembre de 1975. Inició así una epopeya que cambiaría el destino de esta nación y de todo el sur de África. Los combatientes cubanos, junto a los angoleños, enfrentaron al poderoso ejército sudafricano, respaldado por la maquinaria bélica del Apartheid.

Las batallas de Cuito Cuanavale, en particular, fueron decisivas. La resistencia cubano-angoleña logró frenar el avance sudafricano y forzar la retirada de las tropas racistas. Esa victoria aseguró la independencia de Angola y Namibia y aceleró la caída del Apartheid en Sudáfrica. Nelson Mandela lo reconoció públicamente. La derrota del ejército sudafricano en este territorio fue clave para la liberación de su pueblo y de todo el continente africano.

El internacionalismo cubano demostró al mundo el carácter verdaderamente solidario de la Revolución. Mientras otras potencias intervenían en África con intereses económicos y geopolíticos, Cuba enviaba a sus hijos con una sola divisa: la conciencia de que la libertad de otros pueblos también era la suya. Más de trescientos mil cubanos cumplieron misiones internacionalistas en estas lides. Miles perdieron la vida, pero su sacrificio no fue en vano. El mundo vio cómo una pequeña isla bloqueada podía desafiar al racismo y al colonialismo con la fuerza de las ideas justas.

La provincia de Holguín, como toda Cuba, aportó generosamente a estas misiones. Combatientes holguineros estuvieron presentes en Angola, Etiopía, Nicaragua y otras naciones que requerían el apoyo. Esos hombres reafirmaron que el internacionalismo no es consigna vacía, sino convicción arraigada en lo más profundo del ser cubano. La participación holguinera en estas gestas constituye un orgullo para este terruño, cuna de patriotas como Calixto García, del estratega Fidel y de Raúl, y un eslabón más en la cadena de heroísmo que distingue al pueblo.

Desde el punto de vista patriótico-militar, las misiones internacionalistas consolidaron la concepción del Ejército. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias demostraron su capacidad de planificación, organización y combate en condiciones adversas, a miles de kilómetros de distancia, con líneas de abastecimiento complejas y ante un enemigo técnica y numéricamente superior. La experiencia adquirida fortaleció la doctrina militar cubana y elevó su prestigio. Estrategas militares del mundo reconocieron la efectividad del Ejército por sus capacidades tácticas y operativas, siempre con una disciplina y moral inquebrantables.

El respeto de Cuba en el mundo no se compró con riquezas materiales ni con concesiones políticas. Se ganó con sangre generosa derramada en tierras lejanas, con médicos para atender a los más necesitados en los rincones más pobres del planeta, con maestros que enseñan a leer y escribir donde otros solo imponen analfabetismo.

Cuando el gobierno de los Estados Unidos amenaza con nuevas medidas de bloqueo o con acciones militares, la comunidad internacional responde con la condena a esas agresiones y reconoce el papel de Cuba como promotora del multilateralismo y la paz. Organizaciones solidarias y movimientos progresistas de todo el mundo se movilizan a favor de Cuba, precisamente porque siempre ha defendido las causas justas.

La fecha del 27 de mayo, entonces, no es solo un recordatorio de gestas pasadas. Es una convocatoria al presente, un llamado a mantener viva la llama internacionalista en un mundo donde el imperialismo redobla sus agresiones. Es recordar que la solidaridad sigue siendo necesaria en la defensa de la soberanía y comprender que la mejor manera de honrar a los caídos es no rendirse jamás, mantener la frente en alto y continuar construyendo una sociedad justa, solidaria y libre.

Yanela Ruiz González
Author: Yanela Ruiz González
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Lic. en Estudios Socioculturales, periodista de la Casa editora ¡Ahora! Especializada en temas de Educación y Educación Superior Fan de las redes sociales

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