Con mis escasos seis años y sin respeto alguno por los signos de puntuación intenté descifrar los misterios que prometía La Edad de Oro. Confieso que, quizá por mi inocente costumbre de preferir las historias simples de princesas, hadas y finales felices, me tomó un poco de tiempo adaptarme al estilo de sus cuentos.
Read more A la luz del Maestro