Fotos: Tomadas de InternetMuchos nos escondemos detrás de los propósitos de año nuevo. Detrás de los estruendos, de las chillonas guirnaldas de papeles brillantes y otros, detrás de las máscaras.
Aún conservo el recuerdo de la liturgia matinal de cada 6 de enero. Rebuscaba entre adornos y bolsas mientras mis padres aún dormían.
Algunas veces, con suerte, habían regalos envueltos entre la serpentina. De esa forma corría por toda la casa hasta despertar a los mayores.
Los Reyes Magos del 2007 cumplieron, y trajeron las mil caras del agente secreto: bigotes y barbas postizas, gafas negras con nariz incorporada y antifaces de plástico.
Con la inocencia que caracteriza a un niño me encantaba llevar sombreros, caretas, lentes y maquillaje. Un par de accesorios y listo, ya podía interpretar a cualquiera de mis personajes favoritos.
“La cara debe estar siempre despejada”, me aleccionaba la abuela, contraria a los disfraces. Rostro limpio, añadía, el reflejo de quien no oculta nada, el espejo del alma.

Hoy poseo unas 6 gafas de sol, un par de sombreros y algunos complementos que sólo adornan una esquina de mi habitación. Escudarme tras disfraces fue innecesario cuando me percaté de su ausencia en los mayores. Sus máscaras eran invisibles, pero reales.
¿Por qué no somos o actuamos como queremos ser? Fantaseo mientras quedo absorta mirando como el desuso de los años derritió esos recuerdos y los pegó a la caja, como las gomas de los objetos perdieron su elasticidad y el pelo se cayó, áspero.
Nada iguala la seguridad de resguardarse tras una máscara copia de uno mismo; una como las que Anna Coleman Ladd pintaba en 1917 para los mutilados rostros de los soldados franceses en la Primera Guerra Mundial, desfigurados por los gases, caras rotas, estéticamente no muy alejadas de las monstruosas máscaras antigás.

Maquillar la realidad nunca había sido tan fácil; aunque la sociedad parece cada vez más permisiva y liberal, sigue juzgando cada uno de nuestros actos, condicionando así nuestro modo de ser y actuar.
Quizás fue en el momento en que dejé corretear buscando regalos y la presión social hizo su llegada, cuando ya no reconocía a mis amigos. Mis compañeros de disfraces, ahora eran quienes usaban esas "máscaras invisibles" como elemento casi solidario.
Bien sabían los "reyes" que solo quería disfraces. Ya no queda nada de todo aquello. En contra de lo que dictan las costumbres, he procurado vivir sin máscaras.
Foto: Del autorPor cuarta ocasión la provincia de Holguín acogerá el Torneo Nacional de Softbol de la Prensa Jorge Luis Valdés Rionda “in memorian”, certamen que tendrá actividad en cuatro estadios de la Ciudad Cubana de los Parques, del 27 al 30 de este mes.
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Dayana Agüero Parra, actriz y locutora de la CMKO Radio Angulo. Foto: Del autor
Desde niño su voz estaba presente en mis mañanas, cuando mi abuela a las 7 en punto encendía la radio sintonizando la CMKO Radio Angulo y el programa Fiesta de colores, un mundo de fantasía donde interpreta el personaje de Malévola, el hada amiga de los niños. Luego descubrí que también es locutora de espacios habituales como Memorias, Esto sí sabe a Cuba, Huellas y muchos otros que han marcado sus 28 años de carrera entregados a la magia de la radio.
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