Restaurar con amor

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restaurar 1Fotos: De la autora, Reynaldo Zaldívar y cortesía de los entrevistados

La pasión por la historia se desborda en los ojos de Jorge Luis Betancourt Sánchez, un enamorado de la música que lleva en sus manos el noble arte de restaurar. Con una vasta sensibilidad, muestra su colección de aparatos de sonido mientras transporta al visitante al siglo XIX para imaginar al creador de cada instrumento. La atmósfera se complementa con las imágenes en las paredes de su proyecto más preciado: la Casa de la Victrola.

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Jorge ha dedicado gran parte de su vida a rescatar victrolas y fonógrafos en mal estado, incluso casi destruidos, fundiendo su pasión por la música y la arqueología en un esfuerzo constante por preservar el patrimonio sonoro.

Su primer proyecto fue reparar un tocadiscos que no funcionaba, utilizando una bocina de cartón y un alfiler para escuchar la música al mover el disco con el dedo. Su conocimiento sobre las técnicas de restauración se perfeccionó con el tiempo, y su dedicación a la investigación fue clave para el éxito de la Casa de la Victrola.

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De la mano de su esposa, Tania Zaldívar Feria, ha logrado cumplir un ansiado deseo: ofrecer al público una experiencia única a través de una colección permanente de grabadores y reproductores mecánicos que ellos mismos devuelven a la vida.

Su interés por la restauración surge desde su infancia:

"Comencé haciendo pequeñas piezas con yeso y papel maché. En la secundaria tallaba madera y me vinculé al Museo Provincial La Periquera, donde aprendí técnicas de restauración junto a Armando Gómez, el conservador de ese entonces. Agradezco mucho todo lo que me enseñó".

"Restaurar es un proceso cuidadoso que requiere de mucha paciencia y habilidades técnicas. Algunas piezas son más difíciles que otras; a veces, hay que fabricar partes desde cero".

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Su formación como violinista influye en su enfoque hacia la restauración.

"La pasión por la música, al igual que la historia, es inherente a mi trabajo. Desde niño me gustó mucho cantar, era muy versátil: lo mismo cantaba que hacía figuras y manualidades. Aprobé los exámenes en la escuela de arte y mi instrumento sería la guitarra, pero cuando el maestro supo que era zurdo, hasta ahí llegó la cosa. Para tocar guitarra, un zurdo debe invertir las cuerdas y en un conservatorio no iban a hacer eso por un solo alumno. Fue una lástima que en ese momento no me hubiesen propuesto otra opción.

"Empecé a estudiar violín por la vía particular y logré adelantar muchos métodos de estudio, lo que me permitió obtener una plaza de instructor de violín en la Casa de la Cultura de Moa. Hice cosas muy interesantes y actividades culturales. Como mi labor siempre estuvo aparejada a la restauración y a los museos, me acogieron muy bien en ellos; luego fui subdirector del Museo de Moa".

Además de su pasión, Jorge se vio impulsado por el apoyo de un nuevo amigo: Eusebio Leal Spengler...

"Como todo ser humano, en algunas ocasiones me sentí desmotivado por las realidades que enfrentamos: desde la falta de materiales hasta la mala experiencia de chocar con un detractor. Gracias a Eusebio se me abrieron muchas puertas al conocimiento, fue como un alimento espiritual que me daba fuerzas para continuar".

Desde la primera vez que lo vio en televisión en los años 70, la voz suave y calmada que hablaba sobre la historia de La Habana despertó en él un fiel admirador que compartía la curiosidad por la historia.

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"Hicimos una gran amistad a raíz de unos escudos de mármol que encontré en el pozo del cementerio de Holguín en 1986. Mi primera reacción fue entregarlas al Museo Provincial de La Periquera, así que con una carretilla atravesé el parque Calixto García y las llevé hacia allá.

"Mi intención era entregárselos a Leal, porque él era el Historiador de La Habana. En mayo de 1997, Leal vino a Holguín invitado a las Romerías de Mayo; fue entonces cuando pude contarle personalmente sobre el hallazgo, le entregué una foto y le expliqué todo lo que sabía. Años después, me envió un fax en el que me me decía que, originalmente, esos escudos adornaban el altar de la Santísima y Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana y por causas desconocidas habían llegado a Holguín. Luego de resolver varios trámites burocráticos, en el año 2010 logré entregarle los escudos a Leal personalmente".

Llevando consigo la historia del sonido, Jorge y Tania recorrieron varias provincias de Cuba con exposiciones de diferentes instrumentos.

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A lo largo de los años Jorge se especializó en diferentes líneas de restauración; aprendió a reparar pianos y relojes, pero su pasión siempre fueron los antiguos reproductores. En diciembre de 2011, cuando conoció a Tania, expuso distintas piezas en el Centro de Arte: dos victrolas restauradas y funcionales, relojes antiguos, un órgano y un piano. Las victrolas llamaron mucho la atención del público y lo motivó a adquirir más piezas de ese tipo para restaurarlas y exhibirlas.

"Lo llamamos Huella Eterna porque estos instrumentos prevalecen en el tiempo. A pesar de los años que tienen, salvarlos y llevarlos a un mejor estado hace que duren mucho más. Llevamos la muestra a varias provincias, como La Habana, donde estuvo tres meses en el Museo de Arte Colonial, y a Bayamo, donde se exhibió durante cinco meses en el Museo Provincial", me cuenta Tania.

"La colección fue creciendo y llegó un momento en que eran tantas las victrolas que un día le dije a mi esposa que sería bueno crear un proyecto con un orden cronológico y un guion museográfico; es decir, un museo en el centro de la ciudad donde tuviéramos la muestra permanente para el disfrute del público", comenta Jorge.

En cada presentación mostraban las primeras piezas que habían logrado rescatar y contaban cómo transformaban viejas máquinas dañadas en verdaderos tesoros sonoros. Los niños y jóvenes, maravillados al ver y escuchar estos antiguos reproductores, fueron la mayor inspiración para seguir adelante con esta pasión que hoy da vida a la Casa de la Victrola.

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"Yo me enamoré de la profesión de la restauración, y eso tiene que ver mucho con la sensibilidad de Jorge como persona y su esfuerzo en todos los proyectos de trabajo que hemos emprendido juntos. Cuando él llegaba a la casa con un reloj para arreglar, enseguida me unía y aprendía de él; con mucha paciencia me enseñó las técnicas", me explica Tania.

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Su capacidad para aprender y adaptarse se hizo evidente cuando trabajaron en los museos de Gibara en 2017, donde enfrentaron el reto de restaurar sofás antiguos con técnicas complejas.

"Eran unos sofás inmensos que tenían una rejilla enteriza que nos fue muy difícil conseguir. Esta no va puesta con junquillo ni con soga, sino sembrada en las numerosas perforaciones que tiene el mueble. Mi esposa fue conmigo al Gabinete de Restauración de La Habana, le explicaron cómo se hacía el trabajo y un día se quedó en Gibara probando con el mueble. El resultado me dejó impresionado: un trabajo perfecto y cuidado al detalle. Desde entonces, se convirtió en mi brazo derecho en la restauración", cuenta Jorge.

La colección, entre victrolas y fonógrafos, posee alrededor de 30 piezas. Este dúo ha trabajado en distintos proyectos de restauración: el Museo Colonial y el Museo de Artes Decorativas en Gibara, con un arsenal de piezas de todo tipo, como muebles, lámparas, relojes antiguos y pianos. En el Museo Provincial de Historia La Periquera también revivieron una gran cantidad de objetos, además de varios trabajos que realizaron de forma voluntaria como los que hicieron en el Museo Provincial de Las Tunas.

A través de los años Jorge ha logrado conocer hasta el último tornillo que lleva una victrola, aun así, tiene sus propios criterios en esta tarea...

"La restauración se basa en el conocimiento profundo de los modelos, marcas y períodos de fabricación para poder identificar las piezas originales de las híbridas. A veces, si tengo alguna duda, recurro a internet, donde aparecen los catálogos para documentarme. Respetar la versión original de cada pieza y evitar alteraciones que comprometan su autenticidad es mi prioridad; soy muy estricto en ese sentido. De hecho, tenemos piezas que están incompletas por algún accesorio que no hemos podido conseguir".

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Tania aporta su sensibilidad artística en las labores de decapado, pintura y mantenimiento para la conservación. Además de conocer a la perfección el recorrido cronológico de todas las piezas.

"Para lograr el color de la madera de la época, lo primero que hacemos es descubrir el tono original de la pieza usando decapantes y fórmulas específicas que preparamos para no dañarlas en el proceso. Una vez descubierto, elaboramos el pigmento para darle el color exacto a la madera nueva que le vamos a incorporar", me dice.

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La dedicación y el amor por la música que ambos demuestran son un ejemplo vivo del valor que posee preservar la historia y la cultura a través de objetos que, aunque antiguos, siguen resonando con emociones y recuerdos. Al restaurar nuestro patrimonio, revitalizan una parte esencial de la identidad cultural, asegurando que el eco de la música nunca se apague.


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