Destinado a la animación

Para él los escenarios, ya sean pequeños; grandes o improvisados, se sienten como el hogar. Cuando sube a uno, sus ojos se iluminan como faros y su voz se alza melodiosa al ritmo de la música. Allí él puede transformarse en cualquier persona, bailar sin ataduras y cantar a libertad.
- Por Claudia Laura Rodríguez Zaldivar / estudiante de periodismo
- Categoría: Cultura
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