Amor es compartir

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amor familiaFoto: Álvaro Sánchez

Amanece con el cerco cada vez más cerrado, costas afuera. Adentro, en las casas, en las colas, en los ojos de quienes esperan, hay algo que pesa como la sal del mar que rodea a la Isla. La crisis no es una noticia: el fogón sin gas, el carbón que sube de precio, la medicina que no llega, el pan que se reparte como hostia en misa laica. Febrero llega con su día 14 entre las manos, como quien trae una flor en medio de la tormenta.

Sin embargo, alguien comparte el último café y no lo llama sacrificio, lo llama amistad. Una abuela guarda un pedazo de dulce para la nieta que viene de lejos. El vecino repara una tubería con alambre y paciencia, y cuando termina, no pide nada. En cada gesto hay un código antiguo, una gramática de la supervivencia que este pueblo aprendió sin manual. No es heroísmo: es amor en su forma más concreta, ese que no necesita declaraciones ni bombones. El amor que se prueba en la escasez.

Las amenazas vienen de afuera; pero también vienen de la fatiga, esa enemiga silenciosa que siembra dudas ante la incertidumbre, la guerra económica, cultural, mediática...ante la crudeza de los días.

Mas, en la esquina, dos jóvenes se besan como si no hubiera mañana. Parece ingenuidad, pero prefiero verlo como un acto de fe. Es decirle al desaliento: aquí seguimos, aquí estamos, aquí estaremos.

Porque el amor en Cuba tiene memoria. Sabe de ciclones y zafras, de maletas que se fueron y brazos que esperaron. Sabe de octubre del '62, de los noventa, de la pandemia. Sabe que no evita el hambre, pero la hace llevadera. No apaga las penas, pero las canta. No desembarca en ningún puerto, pero construye balsas invisibles con las que atravesamos la adversidad.

Y no estamos solos. Desde muchos países llegan manos que no se ven, pero se sienten. Voces que alzan la suya para que la nuestra no se apague. Envíos de solidaridad que no siempre caben en un contenedor, porque trascienden la palabra.Otros pueblos hermanos, que también saben que el amor no entiende de fronteras ni de monedas.

El 14 de febrero pasa, pero el amor, ese terco, cotidiano, que es multitud, seguirá haciendo de las suyas. En una cola alguien sonreirá con el chiste del vecino. En la calle alguien te saludará con la calidez de un anciano que añora compañía. En casa los niños nos recordarán el tiempo verdaderamente importante.

Cuando se dice que Cuba no será vencida, no es porque sea invencible, sino porque su gente ha hecho del amor una trinchera. No el amor romántico de los escaparates, sino ese otro: el que se hereda, el que se reparte, el que se multiplica cuando se da. El amor que no necesita flores, porque él mismo es la flor que crece entre las grietas.

Febrero crece, no sabemos qué traerán los días; pero hoy, alguien prepara café, un pan casero, una panetela sin huevo, comida resiliente para compartir; y esa es la mejor declaración de amor que conoce este país.


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