De cuando Holguín era la ciudad más limpia de Cuba

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ciudad holguinFoto: Ariel M. Nico

Hace unos días, encontré entre mis libros uno amarillento, de apenas 24 páginas, que por su título estimo fue editado cuando los holguineros nos eufanábanos de decir que teníamos la ciudad más limpia de Cuba.

En su carátula un diagrama de la Ciudad de los Parques y sobre él se lee en la parte superior: Poder Popular Provincial Holguín; en el centro Reglamento de Control Urbano y muy debajo en letras bien pequeñitas Sectorial de Servicios Comunales.

En la primera y la mitad de la segunda página están ocho por cuántos, que comienzan a recordar que en la Constitución de la República de Cuba (vigente en ese momento) en uno de sus artículos, se establece que "para asegurar el bienestar de los ciudadanos, el Estado, y la Sociedad y proteger la naturaleza, incumbe a los órganos competentes y, además, a cada ciudadano, velar porque sean mantenidas limpias las aguas y la atmósfera y que se proteja el suelo, la flora y la fauna".

Terminan con la sentencia: "La Asamblea Provincial del Poder Popular de Holguín, en uso de sus facultades, aprueba poner en vigor el Reglamento de Ornato e Higiene para todo el territorio y en el que contempla entre los principales asuntos el desarrollo y conservación de las áreas verdes, de la siembra, la poda, de la tala, daños y deterioros, de los cortes producidos en la vía pública, locales cerrados, utilización de las aceras hasta de los colores de pintura a utilizar en fachadas".

Muy explícitamente tiene artículos dedicados a la limpieza de la ciudad, recogida de basura, de los recipientes para depositar los desechos, el barrido de las calles, disposición de los desechos líquidos, de la prohibición de tenencia de animales en espacios públicos y termina con las disposiciones transitorias y finales, que fueron aprobadas el 11 de diciembre de 1977.

Todo sobre esta temática está debidamente explicado, sobre lo que se debía y no hacer y las acciones a emprender contra los violadores de lo establecido, tanto personas jurídicas o naturales, que “podrán ser llevados ante tribunales competentes de conformidad con lo establecido en el Artículo 572 del Código de defensa Social. Las autoridades y la ciudadanía estarán en la obligación de denunciar estos hechos, de acuerdo con los dispuesto por la Ley de Procedimiento Penal”.

Quizá en algún archivo o gaveta de Servicios Comunales o de la Asamblea del Poder Popular de Holguín esté otro ejemplar hermano del que conservo y pueda desempolvarlo y, claro está, adecuarlo a la actualidad, para rescatar un poco de orden, responsabilidad, exigencia, higiene, disciplina y toda acción que nos lleve a que en nuestra ciudad la limpieza sea sello distintivo en cada calle, reparto y comunidad y, además, exista respeto hacia el ornato y cuidado de cada espacio público.

No hay discusión de que la provincia y la ciudad cabecera se ha multiplicado en número de habitantes, negocios, entidades y en establecimientos, y que a la par hay menos medios para recoger basura y están en falta el combustible, las piezas de repuesto para los camiones y que son pocos los brazos dispuestos a trabajar en la actividad de la higiene comunal; sin embargo, esto no puede conducirnos al denigrante panorama en el cual convivimos.

Hace unos días, de camino hacia el reparto Luz atravesé varias calles y barrios y es bochornoso lo que ocurre. En la plazoleta del bosquecito de Avenida Capitán Urbino y calle Victoria la basura sobrepasa la amplia área para tomar esas populosas vías; el costado del “Mestre”, por la calle Capdevila las cajas, escombros y otros desperdicios impiden el paso por la acera; el otrora parque infantil Los Caballitos, que está detrás de un círculo infantil y del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología es un galletazo sin manos a quienes sientan pudor por la limpieza. De ese solar la basura corre por calle Maceo abajo y ya casi está frente al Palacio de Matrimonios y de allí también llama la atención los cercados que han hecho algunos apropiándose de parte de esa área estatal.

Y por si fuera poco todo lo visto hasta aquí, resulta increíble lo que hay a todo lo largo de la margen del río aledaño a la piquera de máquina con destino a Gibara y Velasco. Y entre esa podredumbre un consultorio del Médico y Enfermera de la Familia.

Es verdad que no hay combustible, como nos contestó el directivo de Comunales, cuando le comentamos este problema, pero hay que buscar alternativas. Lo que sí no puede seguir es este gran basurero en el que se ha convertido la que fuera la Ciudad más limpia de Cuba. Desempolvemos Reglamento de Control Urbano, adecuémoslo a estos tiempos y hágase cumplir.


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