Medicamentos en la mira
- Por Lourdes Pichs Rodríguez
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La falta de importantes líneas de medicamentos del cuadro básico de Salud nos ha llevado a comprar, una y otra vez, fármacos procedentes del extranjero, algunos imprescindibles para pacientes con enfermedades crónicas no transmisibles, aunque también otros, como antibióticos, antipiréticos, antiinflamatorios hasta algunos solo de uso hospitalario, que requeridos ante una intervención quirúrgica o ingreso en una sala de terapia intensiva hace falta buscar donde no hay para conseguir lo necesario.
Ni hablar de cuánto cuesta un blíster de determinadas pastillas o un frasco de jarabe, no, de eso no abundaremos hoy, a partir de que cuando un familiar está enfermo, movemos cielo y tierra para lograr la medicina que aliviará su enfermedad y bolsillos quedan sin fondo.
En esta ocasión sí daremos nuestra opinión, muy personal -sé que es la de muchas otras personas- sobre la comercialización impúdica, descarada y a la vista de todos, de medicamentos de ese maltrecho cuadro básico, que en ocasiones llega a la red de farmacias e inmediatamente varios renglones está en manos de revendedores, a los cuales no les echo la culpa, sino a los que les proporcionan esos fármacos, que en muy pocas cantidades son distribuidos a las unidades con grandes esfuerzos.
Expondremos el caso más reciente. Esta semana (a partir del martes 13 de julio) en varias farmacias entró un grupo de medicinas de las controladas por Tarjetón, entre ellas, algunas para hipertensos y otras para pacientes con enfermedades del corazón y también unas que son “pan caliente”, como la Amitriptilina, Metocarbamol, Loratadina, Amoxicilina, Ácido Fólico, Sales de Rehidratación y no recuerdo las demás que mencionaron vecinos y me corroboraron quienes revenden todo tipo de medicamentos, de Medsol y además de una larga lista procedentes de múltiples países.
No es casualidad que inmediatamente entraran en estos y los demás renglones a la farmacia comunitaria del barrio se estuvieran vendiendo a manos llenas ¿De quién o quiénes es la culpa? ¿Sigue la prescripción por complacencia? ¿Quiénes monitorean las hojas de cargo de los consultorios y después en mostrador a cuáles personas les corresponde verificar que cada vez que entre una medicina de estas no caiga en similares manos?
No duele ni mortifica tanto que se venda el blíster de determinado medicamento traído de República Dominicana, Nicaragua, México, Perú, Rusia o Estados Unidos, lo que sí enoja y hace rasgarse el cuerpo hasta lo más profundo, es que los Made in Cuba, el que nos toca, al enfermo, por tarjetón o porque determinada patología lo demande en un momento dado, tengamos que comprarlos a precios exorbitantes, porque se desviaron o se hizo una prescripción por complacencia y esa Amitriptilina o Metocarbamol se cotice, hoy por hoy, a 700 y más pesos 10 pastillas, por solo citar dos casos.
Hace poco se introdujo un nuevo sistema de ordenamiento para la venta de medicamentos y otros productos en las farmacias comunitarias, con el objetivo, según aseguraron directivos de Salud Pública y Farmox, de “organizar la venta de los medicamentos en las unidades de los barrios, a partir de un cronograma que ordena los consultorios médicos por día en cada ciclo de distribución”, y además “en busca de garantizar equidad en el acceso a los medicamentos y evitar que se beneficien de los productos expendidos las mismas personas cada día”. ¿Esto se ha seguido de la mano, cuántas fiscalizaciones se han hecho?
Pueden implantarse cada mes un nuevo sistema de venta en las farmacias comunitarias, que si no se monitorea, califica todo el proceso, desde el consultorio y policlínico hasta la unidad correspondiente y a los infractores de lo establecido no se les castiga, seguiremos en las mismas. Las recetas irán a parar a manos inescrupulosas y el enfermo seguirá comprando por fuera tanto los medicamentos controlados por tarjetón como los demás.
