Dinámicas de población en Cuba: desafíos y proyecciones
- Por Reynaldo Zaldívar
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Foto: Oficina Nacional de Estadística e Información
La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) presentó el balance demográfico correspondiente al cierre de 2025, una herramienta indispensable para la toma de decisiones y la planificación estratégica del país.
Las cifras, ofrecidas por el vicejefe de la ONEI, Juan Carlos Alfonso Fraga, y el director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo, Diego Enrique González Galbán, confirman las complejidades que enfrenta la nación en el ámbito poblacional, aunque también permiten trazar rutas de acción con mayor precisión.
Al cierre del año pasado, la población efectiva en Cuba se situó en 9 millones 434 mil 593 habitantes. Esta cifra refleja una disminución en comparación con años anteriores. Para dimensionar el fenómeno, recordemos que el Censo de 2012 registró 11 millones 167 mil 325 habitantes. La tendencia decreciente, observable en los últimos años, se ha acentuado en un entorno de restricciones externas que impactan directamente en la capacidad de desarrollo y bienestar de la población.
Indicadores vitales
La natalidad en 2025 fue de 68 mil 064 nacimientos, mientras que las defunciones ascendieron a 136 mil 214. Esta relación, que sitúa el crecimiento natural en -7,1 por cada mil habitantes, evidencia la necesidad de profundizar las políticas de protección a la familia y la infancia. La Tasa Global de Fecundidad se mantiene en 1,29 hijos por mujer, lo que emite una alerta sobre el reemplazo poblacional.
En este contexto, uno de los indicadores que más atención concita es la mortalidad infantil, que cerró 2025 en 9,9 por cada mil nacidos vivos. Datos del Ministerio de Salud Pública (Minsap) señalan que la tasa pasó de 4,0 en 2018 a 9,9 en 2025, un aumento del 148 por ciento que rompe con la tendencia histórica de logros sostenidos en este indicador.
Para entender el impacto real de este deterioro, el estudio del Center for Economic and Policy Research (CEPR) realiza un ejercicio de "qué habría pasado si...": toma la cantidad real de bebés que nacieron cada año entre 2019 y 2025, calcula cuántos habrían muerto si la tasa se hubiera mantenido en 4,0 —el nivel de 2018— y compara ese número hipotético con las muertes que realmente ocurrieron. La diferencia es estremecedora. Se estima que aproximadamente mil 800 bebés más perdieron la vida en esos siete años de lo que se esperaba antes del endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos contra Cuba. Solo en 2025, 402 de esas muertes infantiles pudieron haberse evitado si el indicador se hubiese mantenido en niveles previos. El estudio traduce, en su cifra más dolorosa, el costo humano del desabastecimiento de medicamentos e insumos.
El sector de la salud es uno de los más perjudicados por estas medidas. Solo entre marzo de 2024 y febrero de 2025, las pérdidas en el sector ascendieron a 288 millones 833 mil dólares. Esta carencia de recursos limita el acceso a tecnologías médicas y tratamientos esenciales, afectando de manera particular a la población infantil.
Compromiso y futuro
A pesar de este complejo escenario, Cuba mantiene su compromiso inquebrantable con la salud y el bienestar de su pueblo. El Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) continúa siendo una prioridad del Sistema Nacional de Salud. Como muestra de ello, 17 municipios del país no reportaron fallecidos menores de un año durante 2025, y la provincia de Pinar del Río logró cerrar el año con la tasa más baja del país: 4,7 por cada mil nacidos vivos. Ahora bien, que el promedio nacional sea de 9,9 mientras una provincia alcanza 4,7 evidencia realidades internas muy dispares. La brecha indica que existen provincias en condiciones mucho más críticas sobre las que hay que actuar con máxima prioridad.
El gigante silencioso
Más allá de la urgencia por salvar la vida que empieza, Cuba enfrenta una transformación demográfica profunda e imparable. La Isla es hoy el país más envejecido de América Latina y el Caribe. Con un 24,2 por ciento de su población por encima de los 60 años, duplica el promedio regional, que ronda apenas el 13 por ciento. Dentro de Cuba, la provincia más envejecida es Villa Clara, donde más del 26 por ciento de sus habitantes supera las seis décadas de vida. La pirámide poblacional se ha invertido drásticamente, presionando como nunca antes los sistemas de pensiones, los servicios de cuidado y la atención geriátrica.
Campanazo de urgencia
Las cifras demográficas de 2025 son un campanazo de urgencia que no admite excusas ni triunfalismos. Los desafíos son inmensos, y sería un error dormirse en los laureles. El bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos es un factor asfixiante que explica gran parte de las carencias, pero no puede ser un comodín que sustente el inmovilismo. Hay que seguir abriendo puertas, buscando soluciones creativas, soberanas, como es costumbre de una nación que jamás se ha amedrentado ante la adversidad.
Estos dos grandes problemas —bajar la mortalidad infantil y asegurar una vida digna a una población cada vez más envejecida— obligan a actuar sin demora. Las cifras no son una sentencia de muerte ni una razón para rendirse, sino un llamado de atención para demostrar que resistir no es solo aguantar con eficacia los golpes, sino convertir las dificultades en soluciones concretas.
