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  /   ISSN 1607-6389
Actualizado: Dom, 22 Oct 2017 - 15:40

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El cosmos de Cosme

Fotos: Reynaldo CruzA Cosme lo abordamos en el Aeropuerto Nacional Frank País, bajo “los frescos aires de la capilla VIP”. Sus musas de vacaciones navideñas y la noticia del premio Maestro de Juventudes que otorga la Asociación Hermanos Saíz, fue el “cuadro” perfecto para hacer la entrevista varios años postergada. Con “temple” de pintor, respondió el cuestionario que pretendía perpetuar un “óleo” de Cosme Proenza en “tinta” de imprenta.

“Impresionismo” ante un premio

“Un premio siempre es una sorpresa y tampoco sabía que estaba nominado a Maestro de Juventudes. Cuando llegué a La Habana me percaté que entre los reconocidos habían acumulado más años que las pirámides de Egipto. Hasta joven me sentí.

“Yo le decía a las otras personalidades premiadas:

`Cuando los premios lo damos entre viejos, hay muchas variantes de darlos: por afinidad, porque se parece a lo que me gusta… Ahora, cuando un joven da un premio, es porque algo hiciste. El joven nunca mira para atrás cuando no le hace falta. Si no tienes una obra interesante, ellos no te tienen en cuenta. Me siento muy satisfecho, porque cuando la juventud te reconoce es que algo hiciste”.

No vivo para obtener premios, a uno lo premia la sociedad porque cree que su obra mereció la pena. Con el Maestro de Juventudes estoy felicísimo, no necesito más ninguno. Si a alguien se le ocurre dar otro, sabrán por qué. Vivir en un lugar donde la gente te conozca y aprecie lo que haces es el premio más importante.

“En la entrega del reconocimiento de la AHS, había un grupo importante de figuras de la cultura cubana. Uno de ellos dijo que yo era el pintor más grande que ha dado Cuba y le digo: “Estate tranquilo, tú no eres pintor, por tanto, no te metas en esa candela, porque al fin y al cabo me siento muy homenajeado por tenerse en cuenta a un pintor de mi generación.

“Entre los reconocidos solo estaba de mi generación Adalberto Álvarez, pero él es músico, y de broma me dice: “Oye, ¿tú te acuerdas que me debes un peso de una croqueta que nos comimos en la playa cuando éramos becados? Solo le repliqué con un: ¡Ay!, compadre, después te lo pago”.

Yo soy de un barrio “Barroco”…

“Para mí Holguín es estar en mí lugar. Después de viejo diría más. Bueno, después de viejo no, después de cierta edad, tengo plena conciencia de por qué Holguín. No es solo porque vivo en la ciudad y quiero mucha gente aquí o viceversa. Mi trabajo no tendría el mismo sentido en otro lugar.

“Mi obra es un estudio de la pintura como herencia cultural. Desde Holguín nace la idea pues por aquí entró el arte Occidental. Pude irme a La Habana y hacer el estudio allá, pero en realidad el sentido de tu obra, lo da la permanencia en un sitio.

“Además aquí tengo historias interesantes. A veces salgo al balcón y veo el camión de recoger la basura y los muchachos me saludan: '¡Adiós, Cosme! El otro día pasó una niña por delante de la casa y me gritó: '¡Oye, Cosme!, ¿Cuándo me vas a regalar un dibujito?' Me dijo su nombre y que vivía en el Hogar de Niños sin Amparo Familiar No. 6. Le hice una lámina y se la llevé. Esas experiencias nunca las tendría en La Habana”.

“Realismo” del Parque de los Tiempos

“El Parque de los Tiempos ahora sí va con buen tiempo. La idea de fundar este espacio surgió en complicidad con Julio Méndez, presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba en Holguín. Lo diseñé sobre lo que yo creía debía tener un parque que tuviera unidad con mi obra. Es de una línea muy modernista en el sentido de la forma y en el uso de los materiales. Alguna gente me pregunta: “¿Por qué gravilla?” Bueno, porque sí. Si el Palacio de Versalles tiene gravilla delante, porqué mi parque en Holguín no va a tener un poquito.

“Hemos estudiado qué elementos se quitarán y cuáles se pondrán después. Además se está interviniendo el Restaurante Guantánamo para hacer un espacio cultural que se llamará Café de los Tiempos, donde no se tomen cosas fuertes, los niños puedan tomarse un helado, se hagan presentaciones de libros, un concierto de guitarra… El espacio se convertirá en una unidad con el parque, porque visualmente se comunican.

“Luis Torres Iríbar, cuando comenzó su labor como primer secretario en Holguín me dijo: `Yo no quiero hacer muchas cosas nuevas, quiero terminar lo que se estaba haciendo´. Afortunadamente, el parque es una de las cosas que se está finalizando poco a poco. La obra no se acaba hasta que yo diga que se terminó, pero va adelante y estoy satisfecho”.

Sus obras como elemento “Art Decó”

“A mí me satisface que alguien que tenga una obra mía, la disfrute porque le gusta, no por mandato o guataquería. Hay cuadros míos que están en lugares donde han sido solicitados. Por ejemplo, Fidel tiene cosas mías, pero han entrado por la vía natural.

“El otro día me alegré mucho, porque alguien estuvo en la casa de Fidel, y vio, colgado en la sala, uno de los platos que yo hice para una colección con Eusebio Leal. Fue Miguel Díaz-Canel quien se lo hizo llegar. Ese sentir por estar ahí en la casa de Fidel, a través de mi obra, es indescriptible. Si la pieza está ahí es porque le gusta, porque cuántas cosas no le habrán regalado, y no las tiene puesta, porque además es imposible.

“Sin embargo, el que tenga el Papa un cuadro mío, que lo tenga mi hermano o un vecino, es igual. Si lo disfruta, estoy satisfecho”.

El “Romanticismo” de la obra de la vida

“Una parte de la obra de mi vida está, porque tengo edad y obra acumulada. La obra de la vida culmina cuando esta se acaba. Por si acaso, me estoy apurando, para que quede lo más completa posible.

Ese pensamiento romántico de la obra maestra es mentira, y en mi caso más aún, porque hago arte para investigar y no me las doy de artistazo, ni de creador de nada nuevo, porque después del abstraccionismo, ya murió esa capacidad. Por lo tanto, lo que hago, es lo único que creo se puede hacer en estos tiempos: analizar la pintura del siglo XVI hasta el XX.

No obstante, tengo piezas que para mí son importantes. “Medio Occidental”, no es una obra cumbre mía, pero cierra un discurso muy importante para mi trabajo y para la cultura de mi país.

“Recuerdo una entrevista a Sarita Montiel, a una edad avanzada, y le preguntaron qué proyectos tenía. Ella respondió: `A mi edad, ninguno. Mañana veremos´. Ya los proyectos no se hacen. Tengo mi proyecto de vida, y lo que hago es completarlo”.

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