Historiador de todos los días
- Por Rubén Rodríguez González
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Foto: Elder Leyva
“Me siento un triunfador de la vida, porque todas las personas que pasamos de los 70 años y lo hacemos pensando, caminando, siendo útiles y haciendo proyectos, somos triunfadores”, declara el periodista y máster en Comunicación Social Calixto González Betancourt, quien mereció recientemente el Premio provincial Abraham Portuondo por la obra de la vida, que otorga la Unión de Periodistas de Cuba en Holguín.
Con más de cuatro décadas de labor como reportero y columnista deportivo del periódico provincial ¡ahora!, González acumula numerosos premios y reconocimientos, como el Hacha de Holguín, el Escudo de la Provincia y el Aldabón de la Periquera; ha publicado los libros Fermín Laffita: rey de la pradera central (Editora Deportes, 2002), Campeones holguineros (Ediciones Holguín, 2003) y Holguineros en el podio (Editorial La Mezquita, 2023) y es reconocido como historiador del movimiento deportivo.
Considera su lauro como “un colofón, pero no un final. Todo premio te reconforta, te da fuerzas, porque demuestra que estás trabajando bien. Me gustaría que me recordaran como una persona que se preocupó porque las cosas que hacía estuvieran bien y ayudaran a la sociedad”.
Sin embargo, tan lejos en el tiempo como puede recordar, no pensaba en el periodismo.
“Eso llegó después, pero en la primaria me gustaba escribir de historia y de la naturaleza; la maestra escogía mis composiciones para leerlas en el acto cívico de los viernes. Tuve muchos buenos maestros y profesores, pero el mejor fue Ramón Oduardo, quien me dijo un día: 'Tú eres bueno para las matemáticas, pero vas a ser escribidor'”.
Puesto a hablar de sus orígenes, reafirma:
“Soy un producto de la Revolución. Mi padre era campesino, se enroló en el Ejército Rebelde y cuando volvió le dieron un pedazo de tierra, en la que logró grandes cosechas de ajo y de cebolla; después, entregó todo aquello y se hizo técnico fitosanitario, que es como el médico de las plantas, y vinimos para Holguín. Nunca me dejó trabajar en el campo; decía que yo era un buen estudiante y debía ser profesional”.
Calixto José, segundo nombre heredado del abuelo paterno, fue becario en La Habana, donde estudió la secundaria; de regreso a Oriente, eligió el magisterio y se formó como profesor de Biología en el Pedagógico de Santiago de Cuba; una vez en Holguín, impartió clases en “Oscar Lucero” y en la recién estrenada Escuela Vocacional José Martí. No obstante, el periodismo le rondaba. Captado por el INDER, que también propició su entrenamiento en la radio, publicó su primera nota en el diario ¡ahora! en 1976.
“Había un buzón donde uno dejaba los reportes manuscritos. Luego, ellos lo mecanografiaban. Lisette Ricardo, que atendía Deportes, me decía que a los míos apenas había que hacerles correcciones; esto es un estímulo para el que empieza. El movimiento de corresponsales voluntarios le hizo mucho bien al periodismo cubano. El corresponsal tiene la ventaja de salir de la base y está en la raíz del deporte y las actividades; además, es una cantera importante para el periodismo. Su principal capitán fue Germán Pupo Ochoa, una persona que trabajaba, reconocía y estimulaba a los que se destacaban, que convocaba a seguir”.
El periodismo fue su salvación, cuando el médico le recomendó cambiar de trabajo, aquejado de faringitis y laringitis crónicas. Así, llegó en 1982 al ¡ahora!, donde se le asignó atender la temática deportiva. Fue en ese año cuando comenzó a escribir la columna de más larga data dentro de la historia del rotativo holguinero: En esta serie.
“Se usaba publicar solamente los resultados del béisbol, pero escribí un comentario sobre el desempeño de Holguín, y gustó. Entonces, me pidieron que continuara haciéndolo. Sin embargo, no era sobre la pelota, sino sobre el ajedrez, de lo que me fascinaba escribir”, sigue narrando quien prefiere el béisbol, el boxeo y el atletismo como deportes.
“La especialización es importante para hacer un periodismo de mayor profundidad y calidad. A la especialización se llega por la experiencia, y esta se hace mayor, más cultivada, por la especialización. La vida me llevó hacia el deporte, pero siempre me ha gustado escribir de todo. Cuando abres los periódicos viejos, lo ves. La mayor parte de los trabajos fuera de la temática deportiva los hice en la década de 1990. Hay revistas Serranía llenas de trabajos míos sobre diferentes temas”.
Calixto se ha vuelto “célebre” en la Redacción por su perfeccionismo:
“Soy quisquilloso, la gente lo confunde con peleón y cascarrabias, pero quiero que el trabajo se haga bien. Lo he practicado en mi trabajo y en los cargos que he tenido en el periódico. Las erratas duelen mucho, no solo las que genera el periodista, sino las que se introducen durante el proceso de edición. Vivo mal el día cuando descubro en el periódico algo que ha salido mal. Además de las erratas, dentro del periodismo deportivo está la contradicción de un vocabulario que no se acepta. Me criticaron mucho por eso cuando entré al periódico”.
Calixto define la brújula de su profesión: “El periodismo es verdad, mantener la ética. Hay que ser objetivo, no hay espacio para lo personal. Tampoco se comprende la necesidad de la crítica. Muchos se molestaron porque los critiqué, pero cuando tocó elogiarlos lo hice. Directores de deportes, entrenadores y deportistas, al cabo del tiempo, me dieron la razón. Siempre les ofrecí la oportunidad de dar su opinión y el periódico publicó esos debates”.
El ejercicio de la crítica tuvo consecuencias: puertas cerradas a eventos y reuniones por incomprensión de directivos, negativa a concederle entrevistas, insultos o amenazas, al estilo de “dice fulano que cuando te coja te va a triturar”. Les llama jocosamente gajes del oficio.
Se vuelve inevitable hablar de los Cachorros, a los que sigue con fervor y objetividad: “El equipo Holguín es uno de mis hijos; sin embargo, siempre he tratado de mantener distancia respecto a los peloteros, como si fuera un profesor; nunca darles confianza. La amistad ha surgido después, cuando ya no están. Lo principal ha sido siempre la ética, ser objetivo y escribir para ayudar, para aportar”.
Desde su experiencia como profesor y periodista, asegura que el relevo está garantizado: “En el periodismo, como para ser médico o maestro, se necesita tener vocación, y a la mayoría de los que he tenido oportunidad de atender se les ve esa vocación”.
Le pregunto por el medio de prensa del que jamás se ha ido:
“Es parte de mi vida y mi segunda casa; llevo 49 años vinculado a él. Había algo que me labraba la mente: cómo sería cuando me tuviera que ir. Sin embargo, hay cosas malas que traen consigo otras buenas; me jubilé, pero me pude recontratar; en la actualidad, esto es como una terapia para mí. El periódico ha marcado mi vida”.
Otra faceta pródiga en logros ha sido su labor como historiador del deporte, un movimiento que surgió alrededor de 1978, y que le ha valido reconocimiento de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC): “Germán Pupo escogió a varios corresponsales para que fuéramos historiadores; a mí me llamó para que fuera presidente de la comisión en la provincia. Hay muchos vínculos entre un periodista y un historiador. El periodista es el historiador de todos los días, porque el periodismo se convierte en historia”.
Precisamente, fue su periodismo el punto de partida rumbo al mundo editorial:
“Se me ocurrió cuando el oro olímpico de Odalis Revé en Barcelona ‘92. Empecé a desarrollar esa idea, pero tuve que parar para trabajar el libro sobre el pelotero Fermín Laffita, que surgió a sugerencia del historiador Ventura Carballido, jefe de la peña deportiva que lleva el nombre de ese destacado jugador. Había contradicciones alrededor de esa figura, pero yo había conocido a Laffita, lo había entrevistado. Tuve que ir varias veces a Santiago a revisar la prensa, me reuní con la familia, los entrenadores y los que habían sido peloteros junto a él, y el libro salió en 2001. En el 2003, salió Campeones holguineros, que fue el germen de Holguineros en el podio”.
Otros proyectos de libros le animan: uno sobre los aportes de los deportistas holguineros a los logros de Cuba en la esfera internacional y una selección de entrevistas a personalidades del deporte en la provincia. El último proyecto es una historia del deporte en Holguín, aunque no sabe si la vida le dará para tanto.
Casi al terminar, asegura: “El sentido de mi vida ha sido trabajar bien y adorar a mi familia. Aparte de las posibilidades que me ha dado la sociedad, si no hubiera sido por mi familia, no hubiera llegado hasta aquí. El cariño de mis hijos, mi hermana, mis sobrinos y mis nietos son los que me dan razones para seguir viviendo”.
Y se queda mirándome con una sonrisa complacida, esperando la próxima pregunta, mientras disfruta este poco frecuente cambio de roles, vuelto cazador cazado solo por un rato.

Comentarios
Con los amigos uno se disgusta también. Cuando comencé como parte de este proyecto ponderativo a personas que en el marco holguinero han hecho aportes a historia. A Calixto fui a uno de los primeros que lo convoqué para que me diera informaciones biográficas. Su formación humilde lo llevo a resultar evasivo; y candentemente me dijo que no quería que de él se publicara nada. MI caracterización de persona incisiva , persistente, cuando persigo algo noble, me llevó a varias llamadas a su hogar sobre el tema. Creo no lo convencí, lo vencí, y logré el objetivo.
Sobre las imágenes, en ningún caso me había incluido; en este aparezco con él en el Estadio Calixto García lleno de público, en un reconocimiento a su labor y la otra, con un poco de tristeza, aparecemos haciendo guardia de honor en los funerales, que organizaron las Peñas Deportivas, del destacado pelotero oriental Fermín Laffita.
Nació el 14 de octubre de 1950, en Potrerillo, entonces perteneciente al municipio de Gibara, pero actualmente del municipio de Rafael Freyre, en una familia campesina. Lora buenos resultados docentes en pirámide educacional la que concluyó en La Habana, Estudió la carrera profesoral de Biología (1967-1972) de la enseñanza media, en el Instituto Pedagógico Frank País, de la Universidad de Oriente, y profesoral de la enseñanza superior, también en Biología en el Instituto Superior Pedagógico de Holguín (1973-1878), este en curso para trabajadores. Profesor en las escuelas formadores de maestros Camilo Cienfuegos, en El Caney de las Mercedes y Oscar Lucero, de Holguín, y luego en el Preuniversitario de la Vocacional José Martí, de Holguín.
Con una excelente trayectoria como profesor, historiador y periodista, por lo cual se cuentan un gran número de vanguardias nacionales en esos frentes, muchos reconocimientos, medallas y condecoraciones como el Escudo de la Provincia, el Aldabón de la Periquera, medallas Mártires de Barbados, Félix El muza y Raúl Gómez García; el Sello de Laureado y Diploma Maestro de Periodistas, entre numerosos más. Con gran número de premios y menciones en concursos . En el 2017 le otorgaron el Premio Provincial Periodístico Estrella de Cuba, en Prensa Escrita y estuve entre las Personalidades Destacadas de ese año, por el Partido y el Gobierno en esta provincia.
Se ha desempeñado como profesor universitario. Licenciado en profesor de Biología y de Periodismo; máster en Comunicación Social. Ha publicado dos libros y prepara otros. Reportó para ¡ahora!, desde La Habana, los XI Juegos Panamericanos en agosto de 1991. Su sección beisbolera En Esta Serie, es la Columna más antigua de ¡ahora!, espacio que ha recibido numerosos reconocimientos y premios en concursos. Ha tejido un gran historial en sus 38 años de trabajo en ¡ahora!
En ¡ahora! publicaron su primera nota el 3 de enero de 1976, hace 43 años. A los tres meses ya era el mejor corresponsal deportivo de la anterior Región de Holguín, y posteriormente mantuvo la vanguardia en el municipio, la nueva provincia y el país hasta que pasé a profesional. Aún voluntario recibió el Carné de la UPEC (1979), a cuyas actividades era invitado, y pasó varios cursos de superación periodística, reporté diversos eventos de los distintos niveles hasta nacionales en varias provincias e incluso internacionales celebrados en Holguín. Además, de los medios provinciales, le publicaron en otras provinciales y nacionales (periódicos y radios). Por ejemplo, para el periódico Granma le di seguimiento a distintas lides efectuadas en Holguín, como el Campeonato Nacional de Ajedrez, e hice reportajes para la entonces revista semanal LPV, que me inscribió como uno de sus corresponsales.
Ante interrogante comenta que el ‘’2 de septiembre de 1982 comencé como profesional de la prensa en el diario ¡ahora! Durante cinco años (1983-1988) viajé periódicamente a Santiago de Cuba para estudiar la carrera de Licenciatura de Periodismo, en la Universidad de Oriente, curso para trabajadores y me gradué en 1988 con el Primer Expediente. En estos casi 37 años en el periódico holguinero, no solo me he limitado a mis reportes periodísticos, lo que exige el Contrato de Trabajo, pues he coordinado labor con corresponsales y colaboradores, revisando y a veces reelaborando sus reportes, y atendiendo en general el espacio deportivo. Soy el responsable de la página siete, dedicadas a los deportes en el Semanario ¡ahora!
Con mucho orgullo expone: ‘’soy historiador del deporte desde 1978, con varios reconocimientos. He mantenido la investigación y recopilación de la historia deportiva durante mi época de profesional de la prensa. La experiencia como historiador y periodista me permitió escribir dos libros, publicados en el 2002 y 2003, respectivamente. Uno biográfico sobre el pelotero Fermín Laffita y otro titulado Campeones Holguineros que abarca la trayectoria de los más sobresalientes deportistas de este territorio y otros aspectos del decursar deportivo de esta comarca. La dirección nacional del Inder me reconoció con un viaje a México (2002) por mis logros como periodista e historiador.’’
Es miembro de la Unión de Historiadores de Cuba. Ha participado en la mayoría de los simposios provinciales de Historia del Deporte, en varias ediciones como ponente con sobresalientes resultados y lleva varios años (desde el 2003) como integrante del jurado de ese evento.
En el 2017 le otorgaron el Premio Provincial Periodístico Estrella de Cuba, en Prensa Escrita y estuve entre las Personalidades Destacadas de ese año, por el Partido y el Gobierno en esta provincia. También premios en concursos en 2018.
Calixto es padre de dos hijos y abuelo de dos nietas. Cuando está cerca de cumplir 70 años de edad, mantiene la vitalidad profesional y social de siempre
PREMIO A LA OBRA DE LA VIDA
Excelentes noticias para el colectivo del periódico ¡ahora! y el gremio periodístico. Nuestro periodista Calixto González Betancourt mereció el Premio por la Obra de la Vida Abraham Portuondo.
A continuación sus palabras:
"Este domingo se dio a conocer que el Premio por la Obra de la Vida de la UPEC, en Holguin - 2026 fue otorgado a este servidor. Al conocer la noticia lo primero que pensé es agradecer a mis compañeras y compañeros del gremio en ¡ahora! por su insistencia en proponerme para este lauro que ellos entendían que yo merecía.
"Por eso, este Premio es también para mis colegas de mi periódico, mi segunda casa por más de 40 años.
"No está entre mis defectos ser inmodesto, pero no sería sincero si no escribo sobre esto. Todo reconocimiento reconforta y estimula, y es un indicativo que has obrado bien y da más fuerzas para seguir.
"Uno este Premio a muchos otros, con los cuales el Partido, Gobierno, UPEC, sindicato, deportes, historiadores y otros me han honrado.
"Quisiera tener un espacio en mi casa para situar tantos trofeos, medallas, cuadros, placas, diplomas para cuando mis nietos crezcan puedan recordarme y se sientan orgullosos de su abuelo, que obró bien en la vida.
"No obstante de quebrantos, malos momentos y tiempos, me considero un triunfador, porque así somos los que sobrepasamos los 70 años de edad y los hacemos caminando, pensando, siendo útiles a la sociedad y aun haciendo proyecto
Historiador de todos los días
Del decir de su compañero de labor Rubén Rodríguez González
“Me siento un triunfador de la vida, porque todas las personas que pasamos de los 70 años y lo hacemos pensando, caminando, siendo útiles y haciendo proyectos, somos triunfadores”, declara el periodista y máster en Comunicación Social Calixto González Betancourt, quien mereció recientemente el Premio provincial Abraham Portuondo por la obra de la vida, que otorga la Unión de Periodistas de Cuba en Holguín.
Con más de cuatro décadas de labor como reportero y columnista deportivo del periódico provincial ¡ahora!, González acumula numerosos premios y reconocimientos, como el Hacha de Holguín, el Escudo de la Provincia y el Aldabón de la Periquera; ha publicado los libros Fermín Laffita: rey de la pradera central (Editora Deportes, 2002), Campeones holguineros (Ediciones Holguín, 2003) y Holguineros en el podio (Editorial La Mezquita, 2023) y es reconocido como historiador del movimiento deportivo.
Considera su lauro como “un colofón, pero no un final. Todo premio te reconforta, te da fuerzas, porque demuestra que estás trabajando bien. Me gustaría que me recordaran como una persona que se preocupó porque las cosas que hacía estuvieran bien y ayudaran a la sociedad”.
Sin embargo, tan lejos en el tiempo como puede recordar, no pensaba en el periodismo.
“Eso llegó después, pero en la primaria me gustaba escribir de historia y de la naturaleza; la maestra escogía mis composiciones para leerlas en el acto cívico de los viernes. Tuve muchos buenos maestros y profesores, pero el mejor fue Ramón Oduardo, quien me dijo un día: 'Tú eres bueno para las matemáticas, pero vas a ser escribidor'”.
Puesto a hablar de sus orígenes, reafirma:
“Soy un producto de la Revolución. Mi padre era campesino, se enroló en el Ejército Rebelde y cuando volvió le dieron un pedazo de tierra, en la que logró grandes cosechas de ajo y de cebolla; después, entregó todo aquello y se hizo técnico fitosanitario, que es como el médico de las plantas, y vinimos para Holguín. Nunca me dejó trabajar en el campo; decía que yo era un buen estudiante y debía ser profesional”.
Calixto José, segundo nombre heredado del abuelo paterno, fue becario en La Habana, donde estudió la secundaria; de regreso a Oriente, eligió el magisterio y se formó como profesor de Biología en el Pedagógico de Santiago de Cuba; una vez en Holguín, impartió clases en “Oscar Lucero” y en la recién estrenada Escuela Vocacional José Martí. No obstante, el periodismo le rondaba. Captado por el INDER, que también propició su entrenamiento en la radio, publicó su primera nota en el diario ¡ahora! en 1976.
“Había un buzón donde uno dejaba los reportes manuscritos. Luego, ellos lo mecanografiaban. Lisette Ricardo, que atendía Deportes, me decía que a los míos apenas había que hacerles correcciones; esto es un estímulo para el que empieza. El movimiento de corresponsales voluntarios le hizo mucho bien al periodismo cubano. El corresponsal tiene la ventaja de salir de la base y está en la raíz del deporte y las actividades; además, es una cantera importante para el periodismo. Su principal capitán fue German Pupo Ochoa, una persona que trabajaba, reconocía y estimulaba a los que se destacaban, que convocaba a seguir”.
El periodismo fue su salvación, cuando el médico le recomendó cambiar de trabajo, aquejado de faringitis y laringitis crónicas. Así, llegó en 1982 al ¡ahora!, donde se le asignó atender la temática deportiva. Fue en ese año cuando comenzó a escribir la columna de más larga data dentro de la historia del rotativo holguinero: En esta serie.
“Se usaba publicar solamente los resultados del béisbol, pero escribí un comentario sobre el desempeño de Holguín, y gustó. Entonces, me pidieron que continuara haciéndolo. Sin embargo, no era sobre la pelota, sino sobre el ajedrez, de lo que me fascinaba escribir”, sigue narrando quien prefiere el béisbol, el boxeo y el atletismo como deportes.
“La especialización es importante para hacer un periodismo de mayor profundidad y calidad. A la especialización se llega por la experiencia, y esta se hace mayor, más cultivada, por la especialización. La vida me llevó hacia el deporte, pero siempre me ha gustado escribir de todo. Cuando abres los periódicos viejos, lo ves. La mayor parte de los trabajos fuera de la temática deportiva los hice en la década de 1990. Hay revistas Serranía llenas de trabajos míos sobre diferentes temas”.
Calixto se ha vuelto “célebre” en la Redacción por su perfeccionismo:
“Soy quisquilloso, la gente lo confunde con peleón y cascarrabias, pero quiero que el trabajo se haga bien. Lo he practicado en mi trabajo y en los cargos que he tenido en el periódico. Las erratas duelen mucho, no solo las que genera el periodista, sino las que se introducen durante el proceso de edición. Vivo mal el día cuando descubro en el periódico algo que ha salido mal. Además de las erratas, dentro del periodismo deportivo está la contradicción de un vocabulario que no se acepta. Me criticaron mucho por eso cuando entré al periódico”.
Calixto define la brújula de su profesión: “El periodismo es verdad, mantener la ética. Hay que ser objetivo, no hay espacio para lo personal. Tampoco se comprende la necesidad de la crítica. Muchos se molestaron porque los critiqué, pero cuando tocó elogiarlos lo hice. Directores de deportes, entrenadores y deportistas, al cabo del tiempo, me dieron la razón. Siempre les ofrecí la oportunidad de dar su opinión y el periódico publicó esos debates”.
El ejercicio de la crítica tuvo consecuencias: puertas cerradas a eventos y reuniones por incomprensión de directivos, negativa a concederle entrevistas, insultos o amenazas, al estilo de “dice fulano que cuando te coja te va a triturar”. Les llama jocosamente gajes del oficio.
Se vuelve inevitable hablar de los Cachorros, a los que sigue con fervor y objetividad: “El equipo Holguín es uno de mis hijos; sin embargo, siempre he tratado de mantener distancia respecto a los peloteros, como si fuera un profesor; nunca darles confianza. La amistad ha surgido después, cuando ya no están. Lo principal ha sido siempre la ética, ser objetivo y escribir para ayudar, para aportar”.
Desde su experiencia como profesor y periodista, asegura que el relevo está garantizado: “En el periodismo, como para ser médico o maestro, se necesita tener vocación, y a la mayoría de los que he tenido oportunidad de atender se les ve esa vocación”.
Le pregunto por el medio de prensa del que jamás se ha ido:
“Es parte de mi vida y mi segunda casa; llevo 49 años vinculado a él. Había algo que me labraba la mente: cómo sería cuando me tuviera que ir. Sin embargo, hay cosas malas que traen consigo otras buenas; me jubilé, pero me pude recontratar; en la actualidad, esto es como una terapia para mí. El periódico ha marcado mi vida”.
Otra faceta pródiga en logros ha sido su labor como historiador del deporte, un movimiento que surgió alrededor de 1978, y que le ha valido reconocimiento de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC): “Germán Pupo escogió a varios corresponsales para que fuéramos historiadores; a mí me llamó para que fuera presidente de la comisión en la provincia. Hay muchos vínculos entre un periodista y un historiador. El periodista es el historiador de todos los días, porque el periodismo se convierte en historia”.
Precisamente, fue su periodismo el punto de partida rumbo al mundo editorial:
“Se me ocurrió cuando el oro olímpico de Odalis Revé en Barcelona ‘92. Empecé a desarrollar esa idea, pero tuve que parar para trabajar el libro sobre el pelotero Fermín Laffita, que surgió a sugerencia del historiador Ventura Carballido, jefe de la peña deportiva que lleva el nombre de ese destacado jugador. Había contradicciones alrededor de esa figura, pero yo había conocido a Laffita, lo había entrevistado. Tuve que ir varias veces a Santiago a revisar la prensa, me reuní con la familia, los entrenadores y los que habían sido peloteros junto a él, y el libro salió en 2001. En el 2003, salió Campeones holguineros, que fue el germen de Holguineros en el podio”.
Otros proyectos de libros le animan: uno sobre los aportes de los deportistas holguineros a los logros de Cuba en la esfera internacional y una selección de entrevistas a personalidades del deporte en la provincia. El último proyecto es una historia del deporte en Holguín, aunque no sabe si la vida le dará para tanto.
Casi al terminar, asegura: “El sentido de mi vida ha sido trabajar bien y adorar a mi familia. Aparte de las posibilidades que me ha dado la sociedad, si no hubiera sido por mi familia, no hubiera llegado hasta aquí. El cariño de mis hijos, mi hermana, mis sobrinos y mis nietos son los que me dan razones para seguir viviendo”.
Y se queda mirándome con una sonrisa complacida, esperando la próxima pregunta, mientras disfruta este poco frecuente cambio de roles, vuelto cazador cazado solo por un rato.