Andrés Cabrera: “Soy víctima de un Dios sin responsabilidad afectiva”

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andres cabrera 01Fotos: Roberto Ráéz

Los sabios del norte prometieron conocer donde nacería el rey de los judíos. Ante la amenaza Herodes I el Grande los envió hacía Belén para encontrar al niño. Los sabios lo hallaron, pero fueron advertidos por unos ángeles de no notificar al rey. Herodes, al enterarse de que había sido engañado, ordenó matar a todos los menores de dos años en Belén.

Así murieron los inocentes.

Si señalamos a los niños podemos desviar la atención del verdadero problema.

«A mí me lo vas a contar».

Andrés Cabrera escribió un libro donde la violencia es parte de una herencia familiar. Una pareja de adolescentes se ve envuelta en una espiral de malas decisiones: se conocen, se besan, se escapan —creen que serán la excepción, pero son la regla— y traen al mundo a una criatura, justo un 28 de diciembre ¡el Día de los Santos Inocentes!

«Es autobiográfico, soy yo completamente».

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Desde la primera historia que escribió, inspirada en La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, se notaba cuál sería su estilo característico.

Lograba que lo absurdo se sintiera cotidiano.

«Mi estilo viene de mí. Yo soy muy imaginativo, me gusta transformar, invertir las palabras, cambiarle el nombre a la gente. Me gustan las cosas absurdas. Mira a tu alrededor, ¿hay algo más mágico realista que todo esto? Yo puedo ser extravagante, pero no estoy loco».

Considera a Musita, su primer libro, como realismo mágico; y al segundo, Al Son de la Calavera, como absurdo. Confiesa que ya ni sabe dónde situar al último, pero sí guarda relación con el primero.

«Lo que pasa es que El día de los Santos Inocentes es una precuela de Musita, las historias están invertidas —interrumpe la charla literaria para agregar–, como yo».

Y es que si algo lo caracteriza es el humor visceral, el juego con el doble sentido. Si en una charla lo hace de forma natural, en la literatura ni te cuento.

«Cuando cursaba el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, el profesor Eduardo Heras León me aplaudió saber manejar el equilibrio entre la desgracia y la risa. A mí me gusta la fiesta, la diversión, y sobre todo reírme. El humor es una especie de medicamento que no te va a curar, pero te hará sentir un poco mejor».

En Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) de Pedro Almodóvar, hay un personaje femenino vestido fuera de su época, con una peluca puesta, las pestañas pintadas en los párpados, que intercepta a un motorista para perseguir a su marido. Abrazada al motorista y con una pistola en la mano recorre las calles de Madrid.

Esas son las cosas que le gusta escribir.

«Esa locura a mí me encanta: drama, mujer, pelucas, armas, motores. Además, me gustan las bicicletas visualmente. Yo siento que puedo ridiculizar a cualquiera montado en una. Pero yo no busco una bicicleta linda, busco un velocípedo. Por eso me encanta la escena de Almodóvar».

La personificación es un elemento identitario de su obra. Para lograr que un lector se adentre en este tipo de historia lo más importante es la construcción de los personajes.

«Un personaje fuera de lugar es como ver a una Drag Queen en una reunión de testigos de Jehová».

También se siente atraído por la cinematografía del director italiano Paolo Sorrentino, encuentra inspiración en filmes como La grande bellezza (2013) y É stata la mano di Dio (2021).

«Lady Gaga es mi mayor referente visual en el pop. Un día volví a ver el video musical 911 y dije: esto es lo que yo hago. En otra ocasión revisité el video de Aplausse, donde Lady Gaga se convierte en un cisne y pensé en un personaje de mi segunda novela que es una Gallina de Guinea con cabeza de Dulce María Loynaz. Yo no escribí el personaje pensando en eso, pero quizá mi subconsciente guardó la información. Lo que yo escribo, de alguna forma, está referenciado por personas como ella. Yo soy muy pop. De hecho, soy muy Camp y eso lo engloba todo».

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Cuando era pequeño decidió amarrarle unas alas a su bicicleta, seguro lo vio en alguna película. Mientras rodaba por el barrio, su mamá cosía. Ambos pedaleaban sin parar. Esa es la imagen con la que decidió iniciar su última novela El Día de los Santos Inocentes.

«Ya quiero verla publicada, mi mayor deseo es que la gente me pueda leer».

La presentación del libro tendrá lugar el próximo 4 de mayo en la sede de Ediciones La Luz.

«Escribir es como un diario. Es increíble cómo puedes revivir una cosa que tu cerebro decidió poner en segundo plano».

La mitad del texto la escribió en una semana, la otra en tres meses. Con el proyecto ganó la Beca Frónesis, que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

«El feminismo es el tema principal. El personaje de la madre es protagonista, sobre todo en esos diálogos donde le habla a la virgen. Ella se vuelve víctima de su propio verdugo. Piensa que rompió la cadena de opresión, pero comete los mismos errores y los justifica».

Cuenta que al escribir el libro logró perdonar a sus padres.

andres cabrera 03Ilustración y diseño de portada de Roberto Ráez.

«Pensaba hacer un monólogo del marido, porque también hay que saber qué piensa él. Pero me costó demasiado. No quisiera justificarlo, sino entender el porqué de las cosas. Aunque al final forma parte de una tradición impuesta por una sociedad machista. O eres malo o eres la víctima».

Aunque el texto tiene inspiración en hechos reales, hay algunas situaciones que pertenecen a la ficción, algunas de ellas usadas para la sátira política, algo que también caracteriza su obra. Bajo el nombre de El Día de los Santos Inocentes, Andrés escribe sobre el arrepentimiento, la violencia doméstica, la homofobia; sobre los corderos que reciben golpes.

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He sentido miedo; mucho miedo.
Porque, aunque yo no sabía el significado
de la mitad de aquellas palabras,
cuando el hurón me dijo aquel nombre
el corazón me dejó de latir

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Tanto le marcó Lady Gaga que en anteriores entrevistas responde a aquellos que le señalan un parecido con el gran Reinaldo Arenas con un: "Si Reinaldo Arenas es Madonna, yo soy Lady Gaga".

«Nadie me lo ha dicho a la cara, solo dicen que notan la referencia, pero aún así existe originalidad en la historia. Que la gente encuentre un parecido es, hasta cierto punto, un elogio. Es que tengo que tener talento. El hecho de que me comparen con alguien tan talentoso quiere decir que lo estoy logrando».

Comenta que en su momento se le perdonó por la edad; cuando uno es joven siempre tiene referencias. Pero su estilo ha evolucionado.

«Hay mucha gente que me ha señalado con el objetivo de hacer daño. No tienen como atacarme y buscan la única forma de hacerlo, porque no me critican la historia, sino el estilo».

Le tiene miedo a la crítica, al ataque personal. Por eso siente cierto recelo a relacionarse con el gremio.

«Nunca he tenido la oportunidad de decirlo en público, pero creo que hay mucha homofobia en la literatura, en Cuba y el mundo entero. Muchas veces se me acusa de copiar cosas, pero si tú te juntas en la noche con travestis y gais más afeminados notarás la terminología. Ese argot que es natural y propio del mundo gay, Reinaldo lo llevó a la literatura y lo hizo en un momento que le dio notoriedad porque nadie se atrevía. Hay muchos que escriben como si fueran heterosexuales, cosa que Reinaldo no hizo ni yo tampoco. Esa persona en su momento se atrevió a ser como era él. Y ahora estoy yo que también quiero hacerlo y entonces me señalan. Quieren que escriba como heterosexual. Muchos no lo van a entender porque no lo han vivido».

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Para que tu madre salga a buscarte con un fuete
y te encuentre volando como las mariposas,
como las palomas, como el Sinsonte.
(...)
¡Ay, qué vergüenza!
Volando.

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Al momento de hacer la entrevista está leyendo El Castillo Ambulante (1986) de Diana Wynne Jones, dice que es corto y eso le encanta.

«Hay libros que están saturados de información. Para qué tengo que describir tanto una habitación si con decir paredes, ventana y puerta te la imaginas. También es algo que viene aparejado a la modernidad. Ya no se van a escribir libros de ochocientas páginas a no ser que sean policíacos o de ciencia ficción».

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Recomienda sus últimas lecturas: Cadáver exquisito (2018), de la argentina Agustina Bazterrica y Hombres puros (2024), de Mohamed Mbougar Sarr.

«Leo mucha literatura Queer. Con otras cosas puedo sentir empatía, pero como no lo he vivido no voy a llegar a una gran conexión. Me gusta leer y decir: soy ese».

También lee por recomendaciones de sus amigos o porque lo vio en alguna red social, esto último, recalca, no quiere decir que lea cualquier cosa.

«Yo puedo dejar un libro sin terminarlo, pero nunca diré: esto es una mierda. No todo es para mí, yo no tengo la verdad literaria. La literatura es amplísima. Es como el cine, no todo puede ser experimental yugoslavo».

Andrés no tiene esa afición, usualmente relacionada al escritor, de atesorar libros. Muchos de los que tiene en físico son regalados. Prefiere leer en digital.

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Andrés Cabrera siempre se ha inclinado por la iconografía católica.

«La biblia es un libro muy mágico-realista. Está lleno de magia. Es muy poderoso. Las imágenes católicas me influyen visualmente. La cuestión de la protección, los anticristos y los falsos profetas tienen una belleza terrible».

En Al son de la Calavera, su autor versiona pasajes bíblicos. Asimismo, en El día de los Santos Inocentes encuentra inspiración en aquella matanza a cargo de Herodes, así incluso lo ilustra su portada.

«Mucha gente se refugia en la religión buscando una especie de cura. En cierto momento, me he preguntado por qué soy así. Veo que la sociedad no quiere que sea de una forma, y a quien único puedo preguntar o culpar es a un ser superior que me creó. Soy víctima de un Dios sin responsabilidad afectiva».

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Publicó por primera vez en Argentina. Ganó el I Concurso de 8 con Perspectiva de edad, auspiciado por la Universidad de Córdoba y Nuvia Ediciones.

«Yo mandé un cuento y a partir de ahí la editorial se interesó por mi trabajo. Les envié mi libro y me dijeron que querían publicarlo. Fueron mil ejemplares. Yo lo vi todo por videollamada, porque estábamos en pandemia».

En Argentina se publicó con el nombre de Musita el muy maldito, aunque luego decidió dejarlo simplemente en Musita para su publicación en Cuba con la editorial Ácana de la provincia de Camagüey, pero este aún no ha sido publicado.

«La versión de Argentina es muy vieja y prácticamente no se editó. Incluso me hicieron poner un glosario de términos cubanos que yo mismo tuve que hacer».

Su segunda novela Al son de la Calavera fue publicada bajo el sello de Ediciones La Luz, para más tarde también pertenecer al catálogo de La Jauría Ediciones.

«Actualmente estoy trabajando en un libro de cuentos un poco lejos de mi estilo porque es realismo. Me pasó que leí A sangre fría de Truman Capote y quedé encantado con el relato de no ficción. Además me leí Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Yo tenía que probar eso, porque me encantó. Al final es un ejercicio para madurar el estilo».

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«No me tomo en serio ser escritor, ni desde el punto de vista gremial, ni en el día a día. He escrito libros, los he publicado y tienen sus lectores. Pero tengo una especie de síndrome del impostor, y no relacionado con mi talento, yo estoy seguro de lo que hago. Aún escribo y pienso: esto no sirve para nada. Algo que me ayuda mucho es leer en público. Yo veo la reacción de las personas y si es positiva sé que estoy haciendo algo bien. Eso es malo porque necesito aprobación».

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Ahora sí que voy a ver el mar.
Y es tanto el deseo que tengo por llegar,
que le doy más duro a las piernas.
Y las mariposas se van quemando en el aire;
van desapareciendo hasta que al fin soy solo yo
el que está volando entre las nubes.
Montado en mi bicicleta de gomas macizas, que ya no necesita alas…

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La entrevista termina en un parque, como todo en esta provincia. Mientras Andrés Cabrera habla sobre su nuevo libro, ocurre una pelea de gallos, un grupo de bailarines grita y un edificio cercano continúa cayendo.

¿Hay algo más mágico realista que todo esto?


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