A Lucero, el béisbol y su gente lo extrañarán siempre
- Por Calixto González Betancourt
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Foto: Alexis del Toro
Este viernes me levanté con la triste noticia del fallecimiento, a los 77 años de edad, de Omar Rafael Lucero Aldaya, uno de los grandes árbitros de béisbol cubano de todos los tiempos. Santiaguero, que también dejó su impronta en Holguín, donde residió por varios años (1992-2020).
Está fresca en mi memoria la última conversación que tuve con Lucero, en marzo de 2024, cuando, luego de varios intentos logré entrevistarlo, en el estadio Calixto García. Ya había regresado a su tierra natal y retirado del arbitraje desde el 2013, pero seguía ligado a esa función como chequeador (comisario).
Escribí entonces: “Nunca antes me reí tanto haciendo una entrevista, pues mi interlocutor era un personaje ocurrente, con una vis cómica que le brota constantemente. Por mucho tiempo jefe de grupo de árbitros en las series nacionales. Los terrenos de béisbol de los estadios cubanos lo vieron sobresalir en el arbitraje por más de 30 campañas, que incluyen series nacionales, selectivas y otros torneos”.
Seleccionado como el mejor en distintas lides. Igualmente se distinguió en mundiales de varias categorías, Juegos Panamericanos, Centroamericanos...en América y Europa.
“Verlo actuar, especialmente detrás de home, era un show. Para cantar el tercer strike caminaba y movía sus manos con si estuviera boxeando, también tenía su estilo para señalar las bolas”.
En aquella ocasión Lucero reflexionó: “El mejor árbitro y más respetado no es el que expulsa, sino el riguroso en su desempeño, pero todos en algún momento nos equivocamos, aunque es inadmisible que en un mismo juego cambiemos de zona para los conteos…En mi largo andar, expulsé solo a 14 peloteros, nueve de ellos lanzadores, por bolazos (desboles que se consideran intencionados)”.
Le pregunté. ¿De Santiago a Holguín, de Holguín para Santiago: Con cuál de esas provincias se identifica más Omar Lucero? “Con las dos, soy holguinero y santiaguero, mitad y mitad…Aún extraño el terreno, la emoción”, sentenció. A Omar Lucero, el béisbol y su gente, los estadios, lo extrañarán siempre.
