Fiel escudero de sus pacientes

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BlasB1

Esta conversación fue pospuesta una y otra vez por disímiles motivos. Casi al terminar marzo sí que no hubo escapatoria. Mi interlocutor dice que el tiempo es oro y como tal lo aprovecha y cuida.

 Por lo regular siempre tiene a alguien esperándolo delante su consulta; en el día son 15 y más pacientes los que atiende, como maestro de un aula de niños pequeños, para que nada quede sin entender y aprender de su explicación.

Pasadas las 10 de la mañana llegamos al Centro Provincial de Atención al Diabético, donde él es su director hace ya cerca de dos décadas. En un pequeño saloncito lo aguardaban varias personas; dentro de su consulta estaba un paciente con su familiar; después fue otro y otro más… Decidimos aguardar, era larga, la espera, finalmente nos invitó a pasar.

Agradecí el gesto, porque nos permitió escuchar su interacción con un paciente llegado de Las Tunas. El hombre, de unos 60 a 65 años de edad, bien trigueño y delgado, contestaba a una y otra pregunta del doctor, en tanto su rosto denotaba admiración y en un arranque de franqueza confesó que nunca antes había tenido un intercambio así, en el que preguntaran hasta cómo dormía, cuánta agua tomaba y le explicaran qué debía y no comer, los horarios y el tratamiento estricto para su diabetes.

Así es el diabetólogo Blass López Rubio con toda persona que llega a su puerta, al Centro, donde se aprecia un orden estricto y rigor en los locales en los cuales el equipo médico, personal de enfermería y otros técnicos atiende a cada enfermo, desde la enfermera que saluda al visitante a la entrada y registra sus generales, orienta hasta los de servicio.

Mientras escuchaba al doctor y paciente reparé en la cuidadosa disposición de cuadros, reconocimientos y muebles de la habitación, todos en el lugar exacto; unos 15 a 25 libros de Medicina, la mayoría sobre su especialidad, descansan sobre la mesa de trabajo, junto a ellos, el cuño profesional, dos porta lapiceros, entre otros útiles utilizados en su labor; una jarra blanca, otra verde y una copa de donde a ratos bebe agua.

“Me gusta tomar agua en copa, que recuerde así ha sido siempre”, explica al percatarse de mi mirada de asombro hacia la vasija de fino cristal en su mano derecha. Este fue el momento que aprovechamos para iniciar la conversación que nos había llevado hasta allí, conducida por la admiración con que hablan de él y, también, escriben en su perfil de Facebook, donde hay abundante información y explicaciones, sobre la diabetes mellitus, consejos nutricionales…

Comienzan las confesiones del experimentado galeno, nacido en el poblado de Floro Pérez, pero con más de la mitad de su vida viviendo en la ciudad de Holguín: “El diabético debe ser bien atendido, no es solo glicemia. Cuando tengo ante mí un paciente, nada es más importante que él en ese tiempo. Si no lo valoras integralmente, no puedes lograr estabilizarlo, porque muchas veces su descompensación puede ser porque no duerme; algunos dicen, es por la comida, no, la comida no es la única responsable. Si no duerme, perdió un familiar, si está estresado, afronta problemas en la casa, divorció, todo esto puede influir. ”

“A veces escuchamos, hizo una hipoglucemia, deben eliminar el medicamento, no, el médico debe preguntar primero: ¿usted desayunó?, porque cuando no desayuna se hace hipoglucemia.

“Cada persona que se sienta ahí (señala un sillón a la izquierda de su mesa de trabajo) es un libro diferente y hay que saberlo hojear y leer exhaustivamente él, con preguntas muy específicas y en ocasiones personales: cómo duerme y alimenta; con quién convive, la manera que lleva el tratamiento médico, entonces me he adecuado a esa cartilla. Cada una persona es una individualidad, con su particularidad diferente”.

Esta máxima la lleva el doctor Blass desde que se graduó y comenzó de Médico de la Familia en Río Grande, municipio de Frank País, después en el área de salud Alcides Pino, durante la especialidad de Medicina General Integral y después se afianzó a aún más, en el Diplomado en Diabetología, a partir del Programa de Atención Integral al Diabético, del Ministerio de Salud Pública.

“Vemos entre 10 y 15 pacientes diarios en consulta, y cada uno de ellos requiere de su espacio, porque no es explicarle, tome Dipirona cada ocho horas; es hacerle entender todo el tratamiento, su dieta personalizada: si además es hipertenso, qué medicamentos toma, cuál es la presión, que debe monitorear; si tiene algún problema renal, decirle cuáles son los cuidados a cumplir para mantener sanos esos órganos; cuáles son los complementarios, y cuál es la alimentación que lleva, si tiene problemas con el colon. En fin, es hacerle un diagnóstico y seguimiento exhaustivo para evitar complicaciones”.

El doctor fue de los 300 jóvenes holguineros que iniciara la carrera de Medicina en Santiago de Cuba, en 1988, (en total dieron ese año 500 capacidades, de ellas 200 para Holguín), pero al tercer año vino para la Facultad de Medicina Mariana Grajales, donde concluyó estudios en 1994. “La mayoría de los titulados en ese curso son hoy muy buenos especialistas, unos están en la provincia, otros en La Habana y también algunos han emigrado. Fue una de las mejores graduaciones ocurridas en los días más fuertes del Período Especial”.

En su historial resaltan dos misiones internacionalistas, la primera en Venezuela y la segunda en Brasil. De las dos guarda con celo historias que lo han marcado de manera muy positiva. “En la Patria de Bolívar y Chávez estuve en el municipio de Zamora, estado de Miranda. Al principio nos rechazaron por la mala propaganda contra nosotros, pero nos fuimos ganando, poco a poco, el respeto y cariño de la población, que en definitiva era la más beneficiada con la labor nuestra”.

Entre una y otra misión estuvo en grupo de los 21 médicos que harían el Diplomado sobre prevención y manejo de la Diabetes y concluida esa etapa de superación cada uno de ellos fue para consultas integrales que fungirían en las área de Salud. “Hacíamos rotación por el Centro, que iniciara en un local de la calle Aguilera, allí estaba el doctor Antonio Fernández Coré (fallecido), quien una vez se jubila comenzamos a atender a sus pacientes hasta las actualidad, que logramos esta casa en reparto Peralta”.

En este lapso llegó la otra misión: “La de Brasil fue en 20l7 y allí fui ubicado en Río Grande del Sur, limita con Uruguay y Argentina. Es una ciudad donde habita una población muy heterogénea formada por descendientes de rusos, polacos y alemanes, principalmente. Comencé en un consultorio y al inicio se repitió lo de Venezuela, pero una vez comenzaron a escuchar que había un médico cubano que estaba atendiendo a la gente, como yo lo hacía, fue aumentando el número”.

“No había especialista, pero sí muchos diabéticos descontrolados, y yo fui reajustando que comían, que esto y lo otro, y comencé a atender los pacientes. Llegué a diagnosticar y dar seguimiento a cerca de 5 mil. Allí me ocurrió algo interesante, el tiempo establecido para interactuar con el paciente era de 15 minutos, entonces hablé con la jefa brasileña y le dije: mire doctora yo no puedo en ese tiempo y le explico cuál era mi método, además debía llenar la Historia Clínica en la computadora. La convencí y logré hasta formar un círculo de los adultos mayores, hicieran programas de televisión y ante todo ganarme la consideración y cariño del pueblo y las autoridades de la comunidad hasta la conclusión de Mais Médicos”.

Cada día a este profesional de la Salud se le ve en su ir y venir de su hogar en Villa Nueva, que comparte con su esposa Sarahí de más de 30 años y sus dos hijas, al Centro Provincial de Atención, con su impecable bata blanca, siempre con el mismo carisma y buena voluntad de hacer el bien, sin interés personal alguno, solo el de servir a quienes lo necesitan.

“Lo primero que le digo a mis pacientes, es usted no tiene que traer nada, pero el cubano es agradecido y cuando se siente bien atendido no sabe cómo recompensar. Lo que sí pueden estar seguros es que de la consulta salen con una lección de vida para enfrentar y sobrellevar su enfermedad, que después del diagnóstico deben adoptar medidas de autocuidado, para reducir complicaciones y mejorar su calidad de vida”, puntualizó.


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