“El Gran Dictador” moderno
- Por Frank Pupo Cruz / Estudiante de Periodismo
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Adenoid Hynkle peina su bigote todos los días al levantarse. Una vez arreglado, sube al estribo frente a una multitud. Lanza una serie de gritos, rabietas y sonidos guturales ininteligibles. Sus seguidores se alborotan aunque no le entienden una palabra. Se retira y se reúne en su despacho con su consejero Herring; un lamebotas que alaba todas las decisiones que toma, aunque sean estúpidas. Coge un teléfono y llama a un banquero judío muy rico pidiendo un préstamo, pues necesita dinero para poner en marcha su plan de exterminio a los judíos. Este se niega por razones obvias. Hynkle protagoniza una perreta legendaria. Echa de una patada a su consejero y se encierra en su despacho. Coge un globo terráqueo, lo hace girar y con los ojos cerrados escoge un territorio al azar. “Este país me gusta”, exclama entusiasmado.