“El Gran Dictador” moderno

  • Por Frank Pupo Cruz / Estudiante de Periodismo
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Adenoid Hynkle peina su bigote todos los días al levantarse. Una vez arreglado, sube al estribo frente a una multitud. Lanza una serie de gritos, rabietas y sonidos guturales ininteligibles. Sus seguidores se alborotan aunque no le entienden una palabra. Se retira y se reúne en su despacho con su consejero Herring; un lamebotas que alaba todas las decisiones que toma, aunque sean estúpidas. Coge un teléfono y llama a un banquero judío muy rico pidiendo un préstamo, pues necesita dinero para poner en marcha su plan de exterminio a los judíos. Este se niega por razones obvias. Hynkle protagoniza una perreta legendaria. Echa de una patada a su consejero y se encierra en su despacho. Coge un globo terráqueo, lo hace girar y con los ojos cerrados escoge un territorio al azar. “Este país me gusta”, exclama entusiasmado.

El Martí que necesitamos

  • Por Rodobaldo Martínez Pérez
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El Martí que necesitamos sigue siendo el privilegio de ese misterio que nos acompaña ante los complejos embates para su Cuba de hoy, con un escenario de urgencias que requiere de la más sólida firmeza ideológica para vencer tantos obstáculos que nos imponen los odiadores de siempre.

"Abdala" es más que un poema

  • Por Isabel Hechavarría Hernández / Estudiante de Periodismo
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La noche del 22 de enero de 1869, La Habana estaba llena. El Teatro Villanueva tenía las puertas abiertas y el público ocupaba casi todas las localidades. Desde la calle se colaban risas, fragmentos de música, el murmullo típico de una función popular. Dentro, la obra avanzaba entre aplausos; afuera, varios grupos de voluntarios españoles permanecían apostados, apoyados en los fusiles observando.

El vapeo no es juego, es un peligro más

  • Por Isabel Hechavarría Hernández / Estudiante de Periodismo
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En Holguín, como en muchas ciudades cubanas, el "vapeo" dejó de ser una rareza para convertirse en paisaje. Está en las esquinas, en los parques, en los centros de estudio y, sobre todo, en la noche, donde el humo parece desvanecer los sentidos.

El cañonazo holguinero

  • Por Ana Laura Campello Pérez / Estudiante de Periodismo
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Esa tarde, frente a los primeros escalones de la Loma de la Cruz, imaginé el cañonazo habanero de las nueve en el Castillo de los Tres Reyes del Morro: el estruendo, la sorpresa de los desprevenidos. Pero aquí, en Holguín, no hubo disparo; a nuestro cañón lo tumbaron. Según afirman los vecinos, un grupo de personas en aparente estado de ebriedad lo movió de su lugar durante la madrugada y lo dejó caer escaleras abajo. El ruido fue tal que hubo quien pensó que se acababa el mundo, y no me cabe la duda.