Ventajas del empecinamiento

  • Por Hilda Pupo Salazar
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Algunos lectores solicitan tratar los beneficios del empecinamiento, desde la insistencia, pertinacia, resistencia, contumacia, tenacidad, firmeza, solidez, consistencia, firmeza, seguridad y otros sinónimos que se resumen en entrega absoluta para materializar un objetivo.

Al calor de un cine vacío

  • Por Rolando Casals, estudiante de periodismo
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Este artículo contiene spoilers del filme Retrato de una mujer en llamas (2019)


El título de este texto tiene dos mentiras (bueno, “recursos literarios”, pero se entiende la idea). Primero, en el cine no hacía calor, pues cuenta con aire acondicionado (la entrada dejaba escapar buena parte de la brisa, pero la temperatura era más bien templada). Segundo, el cine no estaba vacío; si mal no recuerdo, rondábamos la veintena de espectadores.

Infancias robadas por el genocidio: ¿cuál es el precio a pagar?

  • Por Mélany Quevedo Rojas
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¿Qué significa “genocidio”? Se define como el intento deliberado de destruir, total o parcialmente, a un grupo étnico, nacional, racial o religioso. Esta definición es clave para reflexionar sobre la situación actual del conflicto entre Israel y Palestina, que se ha prolongado durante más de siete décadas. Vista a través de este sombrío lente, donde las consecuencias se sienten más intensas en la vida de los niños palestinos, el precio que pagan es alto: son vidas, cuerpos e infancias borradas ante las miradas del mundo.

¡Deme Venezuela en qué servirla!

  • Por Rodobaldo Martínez Pérez
  • Visto: 1869

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“Deme Venezuela en qué servirla, ella tiene en mí un hijo”, dice Martí en 1881 y es hoy el mismo sentir de su pueblo, que ratifica en apoyo a la hermana nación y rechaza, absolutamente, los tambores de guerra del Águila Imperial.

El color de la vida

  • Por Reynaldo Zaldívar
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José Luis tiene 28 años y lleva 10 en la agricultura. Trabajó como asalariado para muchos campesinos de la zona, por treinta pesos primero, luego por 50, y así por el estilo. La inflación subía y con ella el salario. Sin embargo, el trabajo siempre era el mismo: hacer que la tierra de otros produjera. “Un día desperté decidido a sacarle provecho al pedazo de tierra pegado a la casa. Estaba lleno de maleza y le habían nacido algunas matas de marabú. Costó esfuerzo, días de trabajo intenso. Pero en pocos meses ya lo tenía sembrado. Desde entonces lo hago producir. No he trabajado más para otros, pues hago mis propias cosechas, que si bien no son para hacerse rico, me permiten una economía estable”.